La población mundial y su demanda por recursos naturales crecen y, aunados a los efectos del cambio climático, ponen en riesgo la provisión de los bienes y servicios provistos por el medio ambiente. De acuerdo con el informe especial del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), sobre el cambio climático y la Tierra, el crecimiento de la población y sus hábitos de consumo han contribuido a aumentar las emisiones de gases y compuestos de efecto invernadero (GyCEI), la pérdida de ecosistemas y la disminución de la biodiversidad. Este grupo de expertos también hizo un llamado a la acción climática y ambiental efectiva antes del 2030, fecha límite para evitar una catástrofe ambiental global.

En ese sentido, para garantizar una oferta suficiente de recursos es necesario transitar de un modelo económico lineal a uno circular. Las formas actuales de producción y consumo siguen la lógica de extraer, producir, consumir y desechar. Este modelo es poco eficiente y costoso en el uso de los recursos y que además genera enormes daños ambientales y a la salud humana.

La economía circular, más allá de la clásica reducción, reutilización y reciclaje, busca reconstruir la estructura económica para optimizar el aprovechamiento de recursos, reducir desperdicios y cambiar la forma en la que consumimos recursos. Bajo este enfoque, los diseñadores, fabricantes y consumidores aprovechan y reusan todos los materiales tanto como sea posible. Por ejemplo, se podrían fabricar teléfonos celulares con una vida útil más larga o con diseños que permitieran el intercambio y remplazo de componentes para su reparación. 

Transitar hacia una economía circular ayuda al cumplimiento del Acuerdo de París sobre acción climática y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En materia de mitigación del cambio climático, la economía circular aprovecha al máximo los recursos y minimiza el consumo de combustibles fósiles, y con ello, reducir sus emisiones de GyCEI. Desde la perspectiva de adaptación (los procesos y ajustes de las comunidades para enfrentar los efectos del cambio climático), la economía circular también abona al reducir las presiones sobre los ecosistemas por la extracción de recursos y al mejorar la capacidad de respuesta ante eventos climáticos. Por ejemplo, el huracán Florence en el 2018 provocó el desbordamiento de lagunas de estiércol de granjas porcinas. De haberse instrumentado la economía circular, pudo haberse incrementado el aprovechamiento de dichos residuos para generación de energía por la instalación de biodigestores (contenedores que producen energía por la fermentación de residuos), y con ello reducir la posibilidad de sufrir pérdidas económicas y daños por derrames tóxicos.    

En México, ha aumentado el interés por este tema y se ha catalizado en acciones tales como la prohibición de plásticos; el reciclaje de pet y papel; la termovalorización de residuos (transformación de los residuos en energía) y el uso de fuentes renovables de energía. También el Congreso de la Unión  promovió la Ley General de Economía Circular, que pretende atender el manejo integral de los residuos para su reincorporación en la cadena productiva. 

Para transitar a una economía circular, todos podemos contribuir, como consumidores exigiendo productos más responsables, como estudiantes, exigir educación en la materia, desde la familia y comunidad, impulsando un cambio de hábitos menos derrochadores.

Para transitar a este enfoque necesitamos entender que: va más allá del reciclaje, es una oportunidad de negocio, propicia el ahorro familiar, y brinda beneficios a la salud y al medio ambiente. Finalmente, es importante considerar que debemos empatar nuestro consumo a los límites planetarios y tenemos un periodo crítico para actuar.

* Directora de Economía Ambiental y Recursos Naturales del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático.

@ineeec_gob_mx

Para saber más:

http://elcambioclimaticodefrente.inecc.gob.mx/

https://www.ellenmacarthurfoundation.org/circular-economy/concept