El gobierno federal no propondrá aumentos en los impuestos.

Hoy que llega al Congreso el paquete económico para el próximo año, bien harían los legisladores en pedir a sus múltiples asesores que les informen muy bien cuál es la situación económica mundial.

Si lo tienen claro, verán que no se puede confiar en el exterior para conseguir objetivos internos. Esto es muy prudente, sobre todo si quieren recargar todos los objetivos de gasto en variables como el precio del petróleo.

Ya nos quedó claro que al menos el gobierno federal no propondrá aumentos en los impuestos o nuevos gravámenes en este paquete. Si los legisladores lo hacen, es su responsabilidad. Y esto, dicho sea de paso, no anula la presentación futura de una reforma fiscal.

Pero si por alguna razón creen que los programas sociales se pueden conseguir apostando a un barril de petróleo en 83.84 o más dólares por barril de la mezcla mexicana, podrían encontrarse con la realidad de un 2013 recesivo. Con un año nuevo oscuro y difícil.

Ojalá entiendan a tiempo nuestros legisladores que es imposible pensar en precios altos de los commodities en un año donde podrían estar en recesión simultánea Europa y Estados Unidos.

El precipicio fiscal que se asoma en la economía de Estados Unidos es visto como la aplicación de un castigo divino que sólo puede ser evitado si los pecadores políticos de ese país expían sus pecados a través de la negociación.

Lo cierto es que esa medida emergente está diseñada por ellos mismos para corregir los desequilibrios en los que ha caído su economía. Vamos, se trata de una medicina que, eso sí, anticipa reacciones secundarias importantes.

Digamos que para curar la enfermedad fiscal por la que atraviesa Estados Unidos hay dos recetas. Una es con pequeñas dosis de recortes al gasto público y con la aplicación de incrementos en los impuestos de manera selectiva.

Con este procedimiento terapéutico el paciente empezará a sentir algún alivio a lo largo de los siguientes meses, logrando su curación a largo plazo.

Pero está este otro procedimiento más radical a niveles de radiaciones y quimioterapias que prometen una cura más rápida del padecimiento que se provocó Estados Unidos gastando más de lo que tenía.

Con un incremento en los impuestos y una baja de los gastos de forma estricta se logra el efecto curativo en corto tiempo. El problema es que la reacción secundaria a la amarga medicina es una casi segura parálisis y baja económicas.

El problema es que a pesar de la aparente urgencia de encontrar acuerdos, a pesar incluso de la preocupación pública que muestran ambos bandos, la realidad es que no hay que descartar que alguien en secreto pudiera realmente querer que Estados Unidos caiga en el precipicio fiscal.

Si soy muy mal pensado, en términos partidistas caer en el precipicio fiscal puede resultar, al final, favorable para la causa demócrata de Barack Obama.

El Presidente de Estados Unidos ha hecho una intensa campaña mediática para encontrar una salida negociada al tema. Los republicanos, por su parte, hacen propuestas poco populares y advierten que todo está en punto muerto.

Los responsables de caer en el precipicio serían ante la mayoría de la opinión pública los legisladores republicanos. Además de que lograr una corrección de los desequilibrios fiscales implicaría que a la vuelta de dos o tres años Estados Unidos crecería de manera sana y sostenida.

Muy a tiempo para la siguiente elección presidencial.

Ésa es una de las grandes amenazas del 2013. Otra muy fuerte es la situación de Europa.

El secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), José Ángel Gurría, tiene un mal pronóstico económico para Europa y para el mundo.

La situación, dijo el mexicano, es muy oscura y difícil porque la zona euro ha perdido toda capacidad de maniobra con su política monetaria y con los recortes presupuestales. Lo que queda es insistir en cambios estructurales.

El pronóstico confirmado para este año es que los países de la zona de la moneda común europea terminen en recesión. Y para el próximo año también hay la expectativa de la OCDE de repetir la baja económica.

Con todo esto, más vale tener prudencia en el paquete económico. Recargarse en los precios del petróleo es lo más cómodo. Ha sido la salida favorita de los gobiernos del último medio siglo, pero se ha subido tanto la apuesta que llegará el día que falle.

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