Las autoridades de Estados Unidos han visto siempre el problema del narcotráfico sólo desde el ángulo de la oferta y en la vía de los hechos nunca han aceptado que la otra parte del mismo es la demanda; uno existe por el otro.

En los pasados 50 años tanto los gobiernos republicanos como los demócratas no han sido capaces de salirse de esa lógica y todo apunta a que siempre seguirán en ella. Ésa es la visión que les conviene desde la óptica de sus intereses.

Esta realidad la debe tener en cuenta cualquiera que se relacione con el gobierno de Estados Unidos, para desde ahí, con mucho realismo, articular su propia política en la materia.

Negar esta realidad, deslumbrados por el fraseo de la responsabilidad compartida y el reconocimiento de que ellos son parte del problema , es querer autoengañarse. El discurso del gobierno estadounidense no ha variado en los últimos 40 años.

Lo nuevo sería adoptar acciones sustantivas en el combate al consumo en su territorio, a enfrentar el lavado del dinero en el sistema financiero estadounidense y que diera apoyos económicos relevantes para luchar contra el narcotráfico a los países productores y de paso.

De eso hoy nada ocurre y no existe dato que haga pensar en que el futuro será diferente. En su concepción no tiene por qué ser de otra manera. Ellos no ven el consumo como un problema o un peligro y lo han asimilado como parte de su cultura.

Para Estados Unidos, el costo de cambiar de estrategia sería enorme y además no hay razones para hacerlo. La actual, que es muy exitosa, les ha permitido aislar el consumo de la violencia. De eso se trata.

Desde los años 60 la estadística se mantiene igual e indica con consistencia que 46% de los estadounidenses probó alguna vez una droga y 3% de la población es adicta. Cambian los absolutos, pero no los relativos.

El gobierno mexicano frente a esa realidad, no la de las buenas intenciones propias de los discursos, debe establecer su propia política. Siempre hay que dialogar con las autoridades estadounidenses, pero desde la lógica de los intereses de México.

La relación en el tema del narcotráfico debe construirse a partir de la realidad: Estados Unidos no va a reconocer nunca el binomio demanda-oferta. Ellos -ahí están los hechos- no piensan que el consumo sea un problema.

Frente a esa visión el gobierno mexicano debería proponer al estadounidense que cada quien se haga cargo de su frontera. A México le toca vigilar la entrada de armas y a Estados Unidos la de las drogas.

La cooperación debería articularse de manera pragmática a partir del deslinde de responsabilidades. Que cada quien se haga responsable de lo que le interesa. Se superarían así los planteamientos sólo discursivos.