El nuevo presidente, Enrique Peña Nieto, va a asumir su cargo, el 1 de diciembre, en el marco de un escenario muy favorable para él y su gobierno. Hay, como se dice popularmente, un alineamiento de los astros. De él depende si lo aprovecha o no.

La ventaja electoral que obtuvo en la elección lo hace no sólo Presidente legal, sino también legítimo, aunque existan protestas por parte de un sector minoritario del electorado que argumenta el uso indebido de recursos en la campaña. Los órganos correspondientes del Estado mexicano ya se pronunciaron sobre estos hechos.

La mayoría de los ciudadanos, después de la gestión del Presidente Vicente Fox, decidieron otorgar el poder a un candidato de su partido, Felipe Calderón, pero ahora, por la razón que sea, ya no quisieron que el PAN retuviera la presidencia de la República y se la dio al PRI.

Peña Nieto asume el cargo, después del gobierno que encabezó Calderón, en el marco de una gran expectativa que espera, entre otras cosas, se reduzcan los niveles de violencia y se genere un nuevo ambiente de seguridad y tranquilidad en el país.

El partido del nuevo Presidente tiene la mayoría simple en la Cámara de Diputados y es la primera mayoría en el Senado. Esto le permite aliarse con el partido que requiera para sacar cualquier propuesta de ley y también, eso es lo más relevante, para hacer cambios a la Constitución.

Después de que pasó la reforma laboral, donde el PRI demostró le cuesta el cambio, las propuestas que pueda hacer en el futuro inmediato para sacar adelante la reforma petrolera, la fiscal y lo que sigue de la política tendrán siempre, en principio, el apoyo del PAN, que está obligado a votar lo que antes él mismo envió y defendió en las cámaras.

La posibilidad de que se apruebe la reforma petrolera adquiere una renovada importancia para el gobierno de Peña Nieto. De lograrlo cambiaría, para bien, la realidad del país y se vendría a tierra el último mito de la Revolución Mexicana que actúa como un lastre que impide el cambio.

Los números macroeconómicos que deja el presidente Calderón son buenos y siguen la tendencia trazada por los gobiernos del presidente Zedillo y Fox. El país, después de la dramática crisis de diciembre de 1995, tiene ya 17 años de estabilidad económica.

En el corto y mediano plazo, los bancos y los organismos internacionales pronostican buenos números para el país. Esos datos, que se fundan en la solidez y estabilidad de la economía y las finanzas mexicanas, favorecen claramente al próximo gobierno. Los astros, pues, se han alineado y el país tiene una oportunidad única, mejor que en otros momentos, para realizar los cambios que se necesitan y para avanzar más rápido en los mismos. El aprovechar o no esta configuración astral depende del presidente Peña Nieto. Espero lo haga.

Twitter: @RubenAguilar