Se entiende la prisa que tiene el procurador Murillo Karam y todo gobierno de Enrique Peña Nieto de cerrar el caso Ayotzinapa, pero la indignación no se quita por decreto ni se cura con aspirinas (si no es gripa). Un caso no se soluciona cuando existe una hipótesis de qué fue lo que pasó. Eso es el principio, pero querer cerrar a partir sólo de la hipótesis deja demasiado espacio a la especulación pero sobre todo a la duda razonable. Cuando el ex procurador Jorge Carpizo quiso cerrar el caso del asesinato del cardenal Posadas ( está resuelto en 98%, sólo falta detener a los culpables , dijo) lo único que logró fue abrir una batalla que lo persiguió, literalmente, hasta la muerte.

No se puede, pues, dar por cerrado un caso donde hay aún tantas preguntas sin respuesta. Dentro del montón de información que ha circulado en los últimos días hay elementos que son francamente increíbles, incluso otros que pueden tener un claro afán de desinformar o meter ruido, pero muchos, la mayoría, que son simplemente datos que nos hacen dudar sobre lo que sucedió aquella noche y que, mientras no se respondan con seriedad, lejos de abonar al cierre del caso son materia de especulación, discusión y descrédito de la investigación.

¿Cuál fue el papel del Ejército y de las fuerzas federales? ¿Qué sabían y qué reportaron sobre lo sucedido aquella noche? La información que sale del gobierno de estado de Guerrero es que al enterarse de los sucesos pidió ayuda al Ejército y que éste no actuó de la manera que ellos hubieran esperado. ¿Qué información recibieron? ¿De quién? Si efectivamente decidieron no actuar, ¿por qué razones? ¿De acuerdo a qué protocolos?

De acuerdo a la versión de la PGR, el fondo del asunto es un enfrentamiento entre dos grupos criminales, Los Rojos y Guerreros Unidos. Los primeros usaron a estudiantes de primer ingreso como carne de cañón, y tres de las 43 personas desaparecidas, al igual que el director de la Normal, José Luis Hernández, eran miembros de la banda criminal de Los Rojos. Pero igualmente está claro que los 40 estudiantes, al igual que los tres presuntos Rojos, iban desarmados. ¿Tiene sentido que miembros de un grupo criminal entren a territorio enemigo sin armas? ¿Cuál era el objetivo de la operación? Parte fundamental de la argumentación de la PGR es un testimonio de El Gil, que le envió mensaje a su jefe: Nos atacaron Los Rojos, nos estamos defendiendo . ¿En qué consistió el ataque?

Finalmente, el mismo Gil es quien dice haber enviado otro mensaje a su jefe: Los hicimos polvo y los echamos al agua. Nunca los van a encontrar . No tengo elementos para saber si los argumentos de los científicos de la UNAM sobre la cantidad de calor que se requiere para incinerar (hacer polvo) 43 cuerpos efectivamente habría levantado una columna de humo de varios kilómetros visible desde muy lejos. Lo cierto es que difícilmente pasa desapercibida una hoguera así en un paraje relativamente cerca de un centro poblacional y de un destacamento militar.

Las dudas en torno a lo que pasó aquella noche son razonables. Estamos muy lejos de estar ante un caso cerrado.

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