La cumbre climática se produjo en momentos en que son precarios los resultados de las diversas acciones. Solamente seis países lograron cumplir sus compromisos a diferencia del resto cuyos líderes opinan, pero no cumplen. Y lo peor es que ha surgido un peligroso obstruccionismo basado en la tesis absurda de que las políticas no sirven o que tienen costos que no se pueden asumir.

Eventos internacionales importantes, relacionados entre sí y con la presencia de líderes mundiales, permitieron analizar el estado de situación de la gestión mundial para superar la pandemia del Covid-19 en la reunión del G-20 celebrada en Roma Italia, y la problemática del cambio climático, en la cumbre climática de la ONU COP26, en Glasgow Escocia.

Ante el desarrollo muy desigual en la aplicación de la vacuna contra el Covid-19, la principal medida propuesta por la Organización Mundial de la Salud y aceptada por todos, es que para este año debería lograrse la vacunación del 40% de la población mundial y el 70% para 2022. Será necesario que los países ricos cedan gratuitamente las vacunas a los países pobres.

También se decidió, entre otras recomendaciones, transferir tecnología para producir las vacunas en las zonas de pobreza extrema como África. El gobierno canadiense ofreció millones de vacunas gratuitas.

En el G-20 se plantearon los peligros del cambio climático y que requieren de acciones urgentes de los países del G-20 que son causantes del 80% de los contaminantes a nivel global.

La cumbre climática se produjo en momentos en que son precarios los resultados de las diversas acciones. Solamente seis países lograron cumplir sus compromisos a diferencia del resto, cuyos líderes opinan, pero no cumplen. Y lo peor es que ha surgido un peligroso obstruccionismo basado en la tesis absurda de que las políticas no sirven o que tienen costos que no se pueden asumir.

La cumbre climática fue la tercera llamada para reparar errores y cumplir cuatro objetivos:

1) Lograr para el 2050 cero emisiones contaminantes

2) Proteger comunidades y ecosistemas

3) Disponer de financiamiento

4) Coordinación en los medios para alcanzar fines

En la reunión, 124 países, entre ellos México, se convirtieron en custodios para defender los ecosistemas, mismos que se han visto afectados cada año. En los últimos 30 años han desaparecido 170 millones de hectáreas de bosques ante la deforestación. Para revertir esta situación se planteó la recuperación de los ecosistemas. Al disminuir su vulnerabilidad se detienen procesos limitantes de agua dulce, limpieza del aire y producción de alimentos.

Las zonas más verdes del planeta están en Rusia, Brasil, Canadá, Estados Unidos y China, que representan el 54% del total mundial. El resto de los países aporta el 46 por ciento. Una decisión importante comunicada en la cumbre fue la del presidente Biden que aseguró que en su país se restaurarán 200 millones de hectáreas de bosque para 2030. También los jefes de Estado de Rusia y Brasil ofrecieron comprometerse para conservar las zonas verdes de sus países.

Mario Draghi, Primer Ministro de Italia y anfitrión de la reunión del G-20, dijo: “El multilateralismo es la mejor forma de cooperación que tenemos. Compartimos ambiciones y objetivos comunes. Lo que tenemos que llegar a compartir es la velocidad de la acción (...) si mantenemos nuestra capacidad de trabajar juntos en cuestiones como el clima y la pobreza, iremos hacia adelante”.

smota@eleconomista.com.mx

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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