El paradigma de que el capitalismo y el liberalismo eran indisolubles se cayó con el advenimiento del poder de China, que no sostiene un modelo distinto al capitalismo sino un modelo distinto de capitalismo. Y la democracia liberal en ese país no existe.

El sistema capitalista es el que gobierna en el mundo, si bien con matices diferenciados dado el nivel del progreso económico y social de los países.

China es uno de los defensores de la globalización, síntesis multiespacial del capitalismo. Se prepara para alcanzar el pleno desarrollo en el 2049.

Lo hará con alta tecnología en la digitalización, incremento substancial del consumo interno, exportaciones a todo el mundo y una inversión envidiable de 40% del PIB, nivel actual y el más alto del mundo. Ello explica sus altas tasas de crecimiento económico de 6% anual, basado en muchos años de éxitos microeconómicos y de un Estado promotor.

La asignatura pendiente de importancia global tanto para China como para Estados Unidos es el cambio climático y las medidas que tendrán que tomar, debido a que son responsables de 40% del total mundial de gases de efecto invernadero. Están rezagados al igual que muchos otros países como se confirmó hace unos días en la Cumbre del Clima de la ONU celebrada en Madrid.

Trump rechaza el cambio climático y las medidas para superarlo. Resulta patética su actitud ante la evidencia de los efectos negativos que están ocurriendo en el mundo. Pero pese a Trump, EU avanza con 4,000 instituciones y organizaciones no gubernamentales comprometidas con el Acuerdo de París.

La Unión Europea ejerce el liderazgo en el ámbito político y técnico en el proceso de descarbonización. La nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, determinó convertir al Banco Europeo de Inversiones (BEI) en un Banco Climático como un compromiso en favor de una reconversión industrial y tecnológica.

Es un “acuerdo verde” que involucra 100,000 millones de euros para sufragar la transición basada en el carbono a otra energía limpia.

Se trata de descarbonizar la economía, lo que significa cambios tecnológicos a través de la digitalización en los procesos productivos tales como instalaciones de energías renovables, tecnologías de baterías, nuevas generaciones de paneles solares, edificios eficientes y técnicas de calefacción y climatización.

De acuerdo con los planes de la Unión Europea, se convertirá en el primer continente en alcanzar la neutralidad del carbono.

La digitalización es uno de los ejes de la cuarta revolución industrial. EU y China son los líderes de esta innovación que está moviendo al mundo, esencial para la productividad y el empleo.

La Unión Europea también tiene el liderazgo en desarrollo social, porque históricamente se consideró que los dos valores que deben ir juntos son la libertad y la justicia. Los derechos sociales fundamentales como educación, trabajo y salud son condición previa para un mejor ejercicio de la libertad.

Debido al rezago de los países en desarrollo, es necesario hacer conciencia en los gobiernos y en la ciudadanía de las consecuencias que tiene el calentamiento global.

Si el gobierno de Trump y de Bolsonaro, en EU y Brasil, así como los gobernantes de Polonia, Hungría y la República Checa no ofrecen su beneplácito a la transformación verde; no debe ser una limitación para que otros países asuman las responsabilidades que les correspondan.

Lo inevitable si bien ocurre a veces, lo inesperado siempre. Todos los países serán tarde o temprano jalados a la corriente de cambios.

La población en los países en desarrollo tendrá que exigirle a sus gobiernos decisiones respecto a un hecho incontrovertible: el agua del mar, el agua dulce, el suelo y el aire están contaminados. La legitimidad de un gobierno esta asociada a la eficacia.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.