Son normales los ajustes en el gabinete de un presidente, pero ¿dos renuncias en los primeros seis meses de la administración? Primero, Germán Martínez dejó la dirección del  Instituto Mexicano del Seguro Social. Su extensa carta se salió de los cánones no escritos de cómo se renuncia a un puesto así —algo en sí positivo—, y reveló lo que ya sabíamos desde al menos el sexenio anterior, pero que este gobierno ha empeorado y no ha enfrentado para solucionarlo: la crisis financiera del instituto que lleva a desabastos de medicamentos, ausencia de transparencia en contratos, falta de atención oportuna a los pacientes y equipo en quirófanos obsoleto y caduco.

Asimismo, acusa ajustes austeros a rajatabla que llevaron a cancelar 10,000 plazas, entre médicos, enfermeras y camilleros. En el colmo de esta austeridad mal entendida, infantes con cáncer dejaron de tener tratamientos en un claro riesgo a la vida. ¿Estos ahorros a dónde fueron a parar? La presunción es que la orden presidencial es rascar recursos de donde sea para poder financiar sus cuatro caprichos de infraestructura: Santa Lucía, Dos Bocas, Tren Maya y el Transístmico. Ah, y financiar la promoción del beisbol. Caprichos personales por encima de la vida de niños y adultos enfermos.

Donde Germán se equivoca es al decir que con estos recortes la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) es “neoliberal”. Es una confusión pensar que la austeridad tiene ideología. El tema es sencillo: si los ingresos no alcanzan para financiar los gastos, pues hay que recortarlos. Las familias, las empresas y el gobierno enfrentan una restricción presupuestal a la que hay que hacer frente. Los números no son neoliberales. La SHCP tiene como meta de finanzas públicas lograr un superávit primario de 1% del Producto interno bruto. Ése es el ancla fiscal que debe sustentar la estabilidad.

Entonces, una política de austeridad en el gasto tiene dos elementos: nivel y composición. Una vez definido el primero, hay que determinar la distribución de los recursos fiscales escasos de acuerdo con prioridades. Aquí es donde el presidente claramente ha fallado. Por ejemplo, ante la crisis de los sistemas de salud que enfrentamos, una decisión responsable del presidente hubiese sido cancelar por lo pronto los proyectos de Dos Bocas y el Tren Maya, para destinar esos recursos a mejorar el aparato de salud pública. Pero el mecansogansismo se contrapone a una decisión así.

La otra renuncia, la de la secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, que en realidad fue un cese, está justificado por el episodio del avión. Pero se rumora que fue una coyuntura muy conveniente para el presidente. Al parecer, la secretaria quería hacer bien su encomienda y efectuar los estudios pertinentes de impacto ambiental de los proyectos mencionados que apuntan a posibles ecocidios, pero lo que López Obrador necesita es un secretario que no cuestione el impacto ecológico de sus proyectos inviables de infraestructura. Dos renuncias que son un síntoma de que algo al interior del grupo gobernante no está funcionando bien.

[email protected]