Para estas noches de invierno súbito, Netflix propone dos de los mejores lanzamientos del año.

Primero, Bodyguard (Guardaespaldas), producción británica del 2018, un thriller político creado y escrito por Jed Mercurio, guionista televisivo plurinominado a premios locales (entre ellos el BAFTA) por sus trabajos previos (Bodies, Cardiac Arrest y Line of Duty).

La historia sigue a David Budd (Richard Madden, espléndido), un policía especializado en protección (versión inglesa del servicio secreto estadounidense), cuyo trabajo es seguir a miembros del gabinete inglés y protegerlos de amenazas locales y terrorismo foráneo.

El Londres de Bodyguard es similar al que seguíamos semana a semana en la extraordinaria MI-5 (Spooks) de la BBC, una sociedad llena de elementos desestabilizadores dispuestos a unirse a células terroristas y complejas conspiraciones a la menor provocación. En ese sentido es hija de la paranoia post 9/11 sumada los atentados terroristas islámicos que vio Londres en los últimos años.

Budd es un ex soldado que combatió en Irak y arrastra consigo un considerable cuadro de estrés postraumático. Su familia quedó rota y Budd pasa noches insomnes recurriendo al alcohol, ocultando sus padecimientos la burocracia policial para no quedar fuera del servicio.

De vuelta en tren de un fin de semana con sus hijos pequeños, Budd se ve involucrado en un atentado terrorista suicida. Su temeridad e inteligencia para intervenir, le granjean un asenso. Ser el responsable de la seguridad personal de Julia Montague (Keeley Hawes, excelente), la polémica y ambiciosa Secretaria del Interior, con una agenda agresiva para aumentar el poder de los servicios de vigilancia del estado británico.

Budd es un personaje ambivalente que desprecia al gobierno que lo envió a la guerra y al mismo tiempo se ve encargado de cuidar a una de las responsables de la política que lo llevó a la guerra. Budd es un tipo muy profesional, pero eso no evita que su lealtad y estado mental se vean comprometidas cuando Montague es atacada.

Hay mucha inteligencia en los guiones de Mercurio, que aunque aborda el sentimiento xenofóbico que se va a apoderando de la sociedad inglesa, deja intencionalmente fuera, la papa caliente del Brexit. Mercurio nos tiene deparadas algunas sorpresas en cada episodio y es capaz de, en su mayor parte, evitar lugares comunes y salidas previsibles. Bodyguard es un thriller político entretenido y apasionante que recuerda la tensión que provocaban las primeras temporadas de 24.

Segundo, Maniac, lanzado por Netflix como uno de sus grandes eventos del año. Quizá porque su elenco (Jonah Hill, Emma Stone, Sally Field) suele frecuentar más las pasarelas de Hollywood que sus series originales. El proyecto estuvo a cargo de Patrick Somerville, reciente revelación en la adaptación de thrillers para la televisión (The Bridge y The leftovers), y Cari Joji Fukunaga, director de la primera inolvidable temporada de True Detective (HBO) y de Beasts of No Nation, una de las primeras producciones cinematográficas de Netflix en sacudir los esquemas tradicionales de Hollywood.

Su vínculo con el gigante del streaming, lo llevo a producir la adaptación de la novela de Caleb Carr El Alienista (y de su próxima secuela Angel of Darkness). Fukunaga fue uno de los primeros nombres que se barajaron para dirigir la nueva versión de Eso y aunque se distanció del proyecto, su innegable talento le tenía reservada la siguiente entrega de James Bond (conocida todavía como Bond 25).

Maniac nos propone una sociedad distópica, que como el Brazil de Terry Gilliam, contrapone elementos de futuristas y retro, más cercanos al steam-punk que a las óperas galácticas de George Lucas. Owen Milgrim (Hill) es un tipo depresivo e introvertido, el menor de una prominente y salaz familia rica Neoyorkina. Owen alucina y tiene fantasías paranoicas y románticas, pronto se apunta a un experimento vanguardista a cargo de una compañía farmacéutica: probar las drogas A, B, C; promesa de curar problemas psicológicos profundos sin necesidad de terapia.

En la prueba se encuentra con Annie (Emma Stone), quien chantajea a una recepcionista para colarse en la selección. Annie es incapaz de superar su culpa por una tragedia familiar y busca escapar a través de la píldora A, a la que es adicta gracias al mercado negro.

La prueba está a cargo de un exótico panel de científicos liderados por el doctor James Mantleray (Justin Theroux) y una mainframe programada con inteligencia artificial (especie de prima depresiva de HAL).

Maniac pareciera en papel una propuesta oscura, confusa y bastante esotérica que de entrada exige más atención del espectador de la que suele solicitar la televisión promedio. La mitad de los episodios la constituyen las fantasías de Owen y Annie resultados de la droga, y son alucinaciones muy pero muy entretenidas gracias a un sentido del humor descolocado y macabro.

Releo lo anterior y me queda claro que bien puede parecer una premisa difícil y lo es, pero vale la pena. Una vez que entramos en sintonía con su estilo visual y narrativo los elementos y decisiones estilísticas empezarán a cobran sentido. Maniac no es para todos los gustos, pero constituye una propuesta refrescante y provocativa en la televisión del 2018. Resulta curioso que Maniac sea la cuarta serie estrenada este año con premisas virtuales, simbólicas y terapéuticas (Reverie, Kiss Me y Legión, transitan por esas ideas), quizá la exploración de los laberintos irracionales de la mente y las emociones, sea la nueva tendencia de la TV en la era Trump.

Twitter @rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).