La depresión o la alegría para los fans tras el SB afectarán a las personas y a las empresas.

La mañana del 2 de febrero Estados Unidos vivirá una de las mayores resacas que presente este año por dos motivos: por la vanidad o por la depresión. De cualquier manera -un día después del Super Bowl- casi siempre todo marcha para mal, aunque para algunos sea un gran día, y bueno, para los que es un desastre, pues está de más decirlo.

No hay ningún evento deportivo más importante en la casa del tío Sam que cuando se entrega el trofeo Vince Lombardi, y así también se puede medir el impacto que tiene en toda la nación, incluso algunos personajes políticos o medios de comunicación han propuesto -tímidamente, pero se han atrevido- que el lunes siguiente del Supertazón sea feriado en todo el país.

Para empezar, casi todas son malas noticias para la productividad e inclusive para la salud pública. Por ejemplo, habrá más personas con sobrepeso. Muchos estudios internacionales indican que una manera de compensar o reflejar un síntoma de la depresión o tristeza es que tendemos a comer más, en exceso, y eso lamentablemente ocurrirá a los fans de Seattle o Nueva Inglaterra, el que pierda el partido.

La tesis es un estudio del diario Psychological Science, que dice que los aficionados de los equipos que se fueron con la derrota comerán 16% más alimentos engordantes y que tienen 10% más calorías.

De entrada, esa es una mala noticia para los Estados Unidos, uno de los países (junto con México) con más habitantes con obesidad a nivel mundial. Pero la buena noticia es que los ganadores comerán más saludable . Cerveza, pizzas, pastas, papas, comida botanera, es lo que más se consumirá este próximo domingo. Las penas y las alegrías entreteniendo los dientes seguro que saben mejor.

Además, el amanecer del día lunes será terrible para la productividad de todo el país. Al menos 1.5 millones de personas se reportarán como enfermas (lo que puede ser verdad después de los excesos alimenticios o de alcohol) y casi 5 millones más llegarán irremediablemente tarde a su trabajo, así lo ha corroborado en los últimos tres años un estudio del Workforce Institute at Kronos. Y todo eso se traduce en dinero, ¿y de cuánto estamos hablando?, la resaca, el ausentismo, el retraso y la poca productividad pueden costarle a los jefes hasta 1,280 millones de dólares. Quizás algunos justifiquen algún despido o un grito después de conocer este dato.

Algunos departamentos de recursos humanos detallan que lo peor que puede ocurrirle a una empresa es no planear el ausentismo, porque puede incluso golpear hasta 50% los ingresos de una compañía en un día, por ello en EU algunas compañías tienen contemplado el día después del Supertazón como parte de ello y algunas más, que no se protegen, terminan por sufrir.

El Super Bowl resulta no sólo un encuentro deportivo, es pasional y la pasión tiene algo que jamás controlará: los instintos, y ellos te llevan a los excesos y con los excesos generalmente las cosas no siempre terminan bien y esa combinación en un país en donde casi todo se mide, certifica y cuantifica, el dinero resulta un factor determinante para medir lo que ocurre después de un gran espectáculo.

La empresa Challenger, Gray & Christmas dice que cada 10 minutos se pierden hasta 257 millones de dólares en EU durante la semana previa al Super Bowl por el tiempo que dedican sus trabajadores a discutir quién y cómo ganarán los equipos.

Para ser sinceros, no sólo en el Super Bowl sino en casi todos los grandes eventos deportivos internacionales o locales las consecuencias pueden ser catastróficas. Para el Mundial del 2006, un estudio en Paraguay detallaba que un triunfo o una derrota de su selección determina el estado de ánimo de su población y como consecuencia, su actividad laboral.

Seis de cada 10 personas en Estados Unidos estarán atentas a lo que ocurra este domingo en el estadio de la Universidad de Phoenix y eso debe tener sus consecuencias... casi todo para mal, inclusive para los que estén felices; pero de algo podemos estar seguros, para casi todos valió la pena porque el deporte nos regala situaciones intangibles que difícilmente se pueden encontrar en la vida cotidiana, como la épica, la adrenalina, la pasión, el orgullo y los cruentos cambios de estado de ánimo.