El 1 de diciembre se cumplieron dos años de un gobierno que ha resultado ser el peor que México ha tenido en décadas e incluso en el último siglo. Muchos anticipábamos lo que sería pero todos los pronósticos se quedaron cortos conforme la realidad empezó a rebasar cualquier mala expectativa.

Llevamos dos años de experimentar más violencia, más corrupción, más enfermedad, más desorden, más quiebras, más pérdidas, más desempleo, y mucho más descontento social que el que pudiera haberse acumulado en todas las administraciones previas.

No se le puede echar la culpa a la pandemia ni a ningún otro factor externo pues desde que asumieron el poder, estaba claro que ningún gobierno anterior había tenido tanto poder ni tantos instrumentos a su alcance para actuar. Lejos de hacer el bien y construir, se han dedicado a hacer el mal y a destruir todo lo que tocan.

En estas mismas páginas escribí que aquello que este gobierno no hiciera, no sería porque no pudiera sino porque no quisiera pues teniendo el Congreso de su lado, gubernaturas, alcaldías y con la suma de sus alianzas, no había ni hay pretextos para dejar de hacer lo correcto. El problema es que el resentimiento los ha cegado completamente llevándolos a  elegir siempre la venganza sobre la reconciliación, a propagar el odio y la división en lugar de construir desde la solidaridad.

Desde los primeros meses, el gobierno de cuarta dejó ver que nada le importaba, ni la vida, ni la seguridad, ni la propiedad, ni la libertad de los mexicanos. No sólo no ha cumplido con el mandato de salvaguardar estos y muchos otros derechos pero ha hecho todo lo posible para debilitarlos, coartarlos e incluso tratar de acabar con ellos.

La lista de malas decisiones, malas políticas y todas sus consecuencias es interminable pero se resume en deterioro, destrucción, muerte y toda la desesperanza, dolor, frustración, impotencia, coraje y miedo que esto conlleva. En pocas palabras, somos testigos como en estos dos años han propiciado todo lo que no queremos; dos años de ver con todo el dolor un país que se deteriora a toda velocidad.

Sirva esta amarga y dolorosa experiencia para saber todo lo que no podemos aceptar, todo lo que no podemos permitir y lo que no debemos perpetuar. Conscientes de ello, ahora toca (RE)imaginar este gran país y poner las bases del México que sí queremos, el México que es absolutamente posible a pesar y por encima de la mayoría de los políticos y de este gobierno miserable.

México no está condenado al fracaso. Que unos cuantos fracasados hayan llegado al poder y estén haciendo todo lo que pueden para destruir un gran país, no significa que lo vayan a lograr ni que los mexicanos lo vayamos a permitir. En 2021 podemos y debemos cobrarles la primera factura disminuyendo su poder, su presencia e influencia en el Congreso y en los estados. Aún podemos lograrlo.

*El autor es Presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

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