Técnicamente son muchos los expertos que han desarrollado extensas teorías sobre cuál puede ser el mejor modelo tributario para México.

Algunos se inclinan por aumentar los impuestos indirectos, con tasas altas y progresivas para que los contribuyentes de más altos ingresos paguen cantidades brutales de impuestos que compensen los subsidios a los de menores ingresos y sobre todo a los millones que no pagan un peso al fisco.

Otros, quizá más sensatos, consideran los impuestos directos como instrumentos de una mejor recaudación y que en el monto del consumo se da la progresividad del pago del gravamen.

Hay cualquier cantidad de análisis y opiniones. Es un tema que está sobrediagnosticado. Lo que le ha faltado es capacidad política. Que los que toman las decisiones quieran y puedan.

Vemos cómo los panistas, que tanto insistieron en modificar el sistema tributario a partir del IVA, hoy rechazan la generalización de este impuesto. Lo hacen a pesar de que se supone que lo tenían claro. Parece que en sus contradicciones explican sus resultados electorales.

Los perredistas dirán no en automático, prácticamente sin mayor análisis, y los priístas podrían estar en el caso contrario de los panistas, seguro que muchos ahora pensarán que sí es conveniente a pesar de que frenaron a los dos gobiernos anteriores en este objetivo.

Por eso es que el gobierno de Enrique Peña Nieto necesita encontrar la manera de convencer, no a los políticos, sino a los ciudadanos, de que llegó el momento de salir de ese hoyo financiero en el que estamos.

Me parece que la estrategia que habrán de elegir es la del trueque, el intercambio, el dando y dando. Que los impuestos que se tendrán que pagar de manera adicional impliquen un beneficio grande, inmediato y generalizado.

¿Dónde se puede encontrar esa ventaja universal para los que paguen impuestos al consumo? ¡En los servicios de salud!

Hace unos días la secretaria de Salud, Mercedes Juan López, habló de un cambio muy importante: la separación de los presupuestos para los servicios de salud del resto de las prestaciones sociales, como las pensiones por ejemplo.

Con una separación así, podrían etiquetarse recursos obtenidos a través de la recaudación de impuestos directos y ofrecer un servicio universal de salud.

Con recursos para la salud se crea un sistema general, bien capitalizado, por supuesto bien vigilado, para usar instalaciones de quien sea, ya el IMSS, el ISSSTE o un tercero subrogado que deberá recibir, inscribir y atender a cualquier mexicano o residente legal en el país.

Un cambio así podría ser una gran carta de presentación para la sociedad que vería la oportunidad de tener una retribución clara ante el cumplimiento de su obligación de pagar impuestos.

Al mismo tiempo, un impuesto directo general ofrece la oportunidad de reducir los gravámenes indirectos que benefician a los contribuyentes de más alto ingreso y libera recursos que fomentan la inversión.

La venta al público de la reforma hacendaria, tanto como la energética, debe llevar ese componente de la utilidad pública. Porque si algo le ha fallado a las administraciones anteriores al momento de buscar y negociar las reformas estructurales es eso, ofrecer algo tangible a cambio. No sólo regresar todo completo y copeteado.

La primera piedra

¿Quién es esa mujer?

La nota es que los expresidentes de México, Ernesto Zedillo y Felipe Calderón se encontraron y se saludaron en los pasillos de la cumbre económica de Davos, algo que por cierto se les fue a todos los expertos en finanzas mexicanos que volaron hasta Suiza para cubrir el encuentro.

Han repetido muy bien todo lo que de hecho está publicado en la página del Foro Económico Mundial www.wef.org pero se perdieron ese encuentro.

A la que no se le fue la nota fue a una asistente al encuentro que no tuvo pena en solicitar a los dos exmandatarios que posaran para la foto que alguien tomó con su Galaxy Note II. Algún fotógrafo profesional se dio cuenta del momento y tomó esa única placa del encuentro. Ésa es la foto que ha dado la vuelta por todos los medios mexicanos.

Sabemos quién es Ernesto Zedillo, sabemos de sus aciertos y errores. Conocemos a Felipe Calderón, está de moda golpearle políticamente y minimizar cualquier logro. Pero la gran duda es ¿quién es esa mujer con tan alto sentido periodístico?

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