Hace un mes escribí sobre la entrada en vigor del T-MEC y cómo éste no podía ser visto como la única válvula de escape en momentos de crisis, únicamente basta dar una revisión a los informes oficiales para concluir que los números que hoy conocemos hablan por sí solos.

A poco más de 30 días de la entrada en vigor del tratado comercial, datos de la Secretaría de Economía, señalan que México recibió inversiones superiores a los 337 millones de dólares, una cifra para nada despreciable producto de la endeble certidumbre generada por el inicio de este mecanismo de comercio. Sin embargo, aún cuando esto nos permite acceder, en condiciones hasta cierto punto mejores que otros países, a los mercados de Estados Unidos y Canadá, la situación económica en la que nos encontramos genera la idea de que “esto no es suficiente”.

El pasado 30 de julio, el INEGI publicó la cifra oportuna del PIB para el segundo trimestre de este año, datos que indican que nuestra economía no sólo no creció, sino que se contrajo en un 18.9% con respecto al mismo periodo del 2019; una caída tan pronunciada que, ni siquiera en los momentos más complicados de las crisis de 1995 y 2009 vimos. Los sectores más afectados fueron: el secundario y el terciario. En otras palabras, la industria, manufactura y servicios, mismos que son la base del T-MEC.

La ecuación es muy sencilla. Desde finales de 2018 la economía mexicana ya presentaba serios problemas, la pandemia sólo los profundizó. Esto es, pandemia + problemas económicos = crisis, la cual no hubiera sido tan profunda si se hubieran tomado otro tipo de medidas desde un principio. Es decir, crisis + malas decisiones = desplome económico.

Adicionalmente, hace unos días el US Bureau of Economic Analysis dio a conocer la estimación del PIB estadounidense para el segundo trimestre de 2020, la cual es de (-)32.9% con respecto de 2019. Su estimación para el caso mexicano es (-)53.1%, para cualquier análisis la cifra que se tome ya sea esta o la del INEGI no genera un panorama alentador.

En este contexto y a pesar de ello, en el mes de julio se dieron a conocer, producto del inicio del T-MEC, grandes inversiones en nuestro país, ejemplo de ello son:  3,600 millones de dólares por parte de empresas suizas; la empresa BRP 136 millones de dólares en una planta en Ciudad Juárez, Chihuahua;  Mercado Libre, con 27.1 millones de dólares en la construcción de un centro de distribución en el Bajío, esto nos demuestra que sí existe interés en nuestro país, sí somos atractivos pero, una cosa es ser atractivos para los capitales y otra es brindar confianza a estos, y ahí es donde radica nuestro problema.

Si bien es cierto que, en junio pasado el saldo de la balanza comercial presentó un superávit por 4,618.8 millones de dólares, el mayor desde 1993, nuestro volumen comercial con respecto del año anterior fue de (-)12.8% para las exportaciones y (-)22.2% para las importaciones, algo que es completamente normal si consideramos la desaceleración económica a nivel internacional de  este año .

Hoy existe una gran incertidumbre de ¿dónde estamos parados? Nos hemos colocado dentro de los tres países con mayor número de decesos por COVID-19 y uno de los que menos estímulos y apoyos han inyectado a la economía. Los datos indican que prácticamente México ha perdido una década en tan sólo unos meses. Instrumentos como el T-MEC dan un respiro, pero hay que ir más allá.

Los pequeños avances son resultado de la reapertura en todo el mundo, para potencializarlos México requiere de un cambio en la política económica, lo cual incluye no sólo una redistribución del gasto del gobierno, sino también una reforma fiscal que busque de fondo beneficiar a la base productiva, todo ello en el marco rector de un sólido Estado de Derecho.

* El autor es académico de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana, consultor experto en temas económicos y de administración pública. Director fundador del sitio El Comentario del Día, conductor titular del programa Voces Universitarias.