El presidente electo López Obrador (AMLO) ya ha logrado, antes de su toma de posesión, un resultado muy dañino: una ruptura tajante entre los mexicanos. Los humoristas ya hablan de chairos vs fifís. Uno de los signos más recientes de esa ruptura: la manifestación de oposición en Reforma del domingo pasado fue descalificada de forma despectiva y clasista por los simpatizantes de AMLO como “la marcha fifí”. Pero el evento tuvo su significación por tres razones: por su concurrencia —asistieron más de 50,000 personas—; su espontaneidad —no hubo acarreados visibles—, y por la variedad de las consignas —no únicamente se gritó a favor del aeropuerto cancelado.

Podría preguntarse si esta ruptura social la buscaban las propias huestes amlistas, pero la respuesta es claramente que no. Tampoco son tan miopes, tan insensibles. Pero el punto es que esa fractura se ha materializado y por razones bien claras. En primer lugar, por el error de suponer que el capital político con el que cuentan es infinito y por tanto que lo pueden dilapidar en acciones cuestionables, como precisamente la de cancelar el aeropuerto con base en una consulta totalmente ilegítima e ilegal.

Los otros dos errores garrafales en que han incurrido parten de la suposición de que sus muy controvertidas propuestas no tendrán consecuencias y aún peor: que los agentes económicos no reaccionarán de manera inmediata y ulterior. Estos dos últimos errores se hicieron muy evidentes en la iniciativa de ley lanzada recientemente por el senador Monreal para quitar las comisiones de los bancos.

Si bien, incuestionablemente se trata de un tema que requiere atención, el lanzamiento de la iniciativa aludida resultó catastrófico. Se desplomó la Bolsa de valores a la vez que tuvo repercusiones sobre el tipo de cambio y también despertó mucha preocupación entre ahorradores e inversionistas. Y el colofón del asunto resultó igualmente muy negativo, pues, al intervenir AMLO, Monreal se puso rejego y hasta se insubordinó. Como se aprecia, la letrina no deja de llenarse.

La retórica de AMLO —apoyada en una propuesta de cambio de modelo— se parece mucho a la que en su momento proclamaron Echeverría y López Portillo. La diferencia reside en que a aquéllos la historia les ofreció un margen de tolerancia del que AMLO no dispondrá. Ojalá lo entienda y empiece a conducirse con la prudencia y la sensatez que México requiere de un verdadero estadista.

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Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico