El viernes de la semana pasada concluyó la decimotercera y más reciente ronda de negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China con el anuncio de un “acuerdo en principio fase 1” de las negociaciones.

Aunque el acuerdo fue anunciado como un importante avance por parte de la administración Trump, la realidad es que lo acordado no es más que una tregua temporal que deja la disputa comercial en exactamente el mismo punto en el que estaba en abril, antes de que las negociaciones se colapsaran y que la disputa escalara.

Aunque Donald Trump y sus asesores comerciales quieran maquillar el acuerdo como una victoria, la gran mayoría de los especialistas lo percibe simplemente como una victoria retórica en la que el único logro fue evitar temporalmente el escalamiento de las tensiones mediante la suspensión del incremento de 25 a 30% en los aranceles que entraría en vigor este 15 de octubre.

China realmente no cedió en ningún tema de importancia. Las concesiones chinas fueron el acceder a incrementar sus compras de bienes agrícolas a Estados Unidos, acelerar la reforma de su sistema cambiario y prometer una mayor apertura de su sector financiero.

Vale la pena analizar cada punto por separado. La promesa de incrementar las compras de productos agrícolas —que por cierto parece estar sujeta a que EU reduzca algunos aranceles— viene después del desplome en la demanda china de este tipo de bienes como represalia a la implementación de aranceles por parte de Estados Unidos al inicio de la disputa comercial.

La promesa de incrementar las compras es simplemente un alivio para los productores agrícolas estadounidenses que, hasta ahora, han sido los principales damnificados en EU por la política comercial proteccionista de Trump.

La promesa de liberar el mecanismo de ajuste del yuan es prácticamente irrelevante en el contexto actual porque hace tiempo que China dejó de manipular abiertamente su moneda. Desde el 2015 que el FMI incorporó el yuan a su lista de monedas reserva, sumándose al dólar, el euro, el yen y la libra esterlina, China ha mantenido un compromiso con el proceso de liberalización de la cotización del yuan.

Finalmente, la mayor apertura del sector financiero en China es algo que ya venía en proceso y no representa una concesión mayor. 

En los temas torales de la disputa: la protección a la propiedad intelectual, la transferencia forzada de tecnología, los requisitos de asociación con empresas locales a los inversionistas extranjeros y las restricciones comerciales a Huawei —el gigante tecnológico y piedra angular de la política de desarrollo industrial—, las partes se encuentran aún lejanas a un acuerdo.

En la práctica, lo más rescatable de esta tregua es que las pláticas continúan y que, por el momento, no parece haber apetito inmediato de ninguna de las dos partes en reanudar la escalada de aranceles y represalias comerciales. Desde hace tiempo hemos argumentado en este espacio que la estrategia de China es prolongar la disputa comercial y no ceder en los temas centrales.

Asimismo, hemos planteado que la apuesta de Donald Trump a que China claudicaría no está funcionando. Conforme se acerca la elección presidencial del 2020 en Estados Unidos, pareciera que Trump decidió que le conviene más seguir negociando sin escalar el enfrentamiento. Aunque la tregua temporal mantiene la incertidumbre sobre el rumbo de la política comercial, ésta también limita el daño a los mercados accionarios (cuyo desempeño positivo presume Trump como logro personal), al sector manufacturero y al sector agropecuario de Estados Unidos.

Reiteramos que la única manera en que habría una resolución final a la disputa comercial sería si Trump, hambriento de generar noticias positivas para su reelección, estuviera dispuesto a llegar a un miniacuerdo enfocado en que China se comprometa a comprar más bienes de EU y realizar ciertas reformas superficiales para mejorar las condiciones para la inversión extranjera y la protección a propiedad intelectual. La probabilidad de un acuerdo integral de gran calado en los próximos meses sigue siendo baja.

Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Socio Director de Estructura Partners

Sin Fronteras

Desde 2009, el Sr. López-Dóriga es Socio Director de Estructura Partners, una consultoría especializada en fusiones y adquisiciones, así como en estructuración de operaciones de financiamiento vía deuda y capital.

Es egresado de la Licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana, donde se graduó con mención honorifica y el promedio más alto de su generación, y cuenta con una Maestría en Economía de la London School of Economics, donde fue distinguido con la beca British Council Chevening Scholarship Award.