Si una parte del gobierno de Felipe Calderón quisiera, México sería una potencia mundial en la exportación del pulpo maya. Codiciado en el mercado ibérico, esta especie -que sólo se reproduce en la península de Yucatán- no puede cruzar el Océano Atlántico por culpa de una excesiva regulación de las autoridades sanitarias.

Ya se sabe que el comisionado nacional para la Protección de Riesgos Sanitarios, Miguel Ángel Toscano, resultó más papista que el Papa . Lo que no se sabía es que fuera más estricto que los oficiales de sanidad de la Unión Europea. Este caso es apenas un ejemplo de la disparidad en la aplicación de algunas políticas gubernamentales, que terminan afectando a la economía nacional.

Los casos más graves han surgido a partir de los nuevos ordenamientos girados por la Secretaría de Salud, que encabeza el doctor José Córdova, y de Educación, a cargo del maestro Alonso Lujambio, para modificar la alimentación de los educandos, en los planteles públicos y privados de educación básica y media. El combate a la obesidad infantil, como se sabe, provocó una reacción adversa entre los empresarios del ramo de los alimentos procesados. Una voz que se ha escuchado muy poco es la de las autoridades que por ley están encargadas de las políticas públicas en materia de alimentación que justamente están en la Sagarpa.

En el olvido ha quedado, por ejemplo, la propuesta del comisionado nacional de Acuacultura y Pesca, Ramón Corral Ávila, de sustituir muchos de los productos chatarra que se ofertan en las cooperativas escolares, por alimentos del mar. La idea, que podría hacerse extensiva a ciertos cereales y frutas –mango, manzana, plátanos secos, por ejemplo– no sólo ofrece ventajas nutricionales. Podría convertirse en la salvación de buena parte de la agroindustria nacional.

Nadie duda de las buenas razones de Córdova y Lujambio. Lo que asombra es que hayan actuado sin consultar a sus contrapartes en Economía, Gerardo Ruiz, y en Agricultura, Francisco Javier Mayorga aunque no sería el único caso de falta de coor­dinación entre los integrantes del gabinete calderonista.

Si no operan en la misma línea o nadie de la Oficina de la Presidencia los convoca al acuerdo, allá ellos, porque la realidad los alcanzará tarde o temprano.

Así pasará hoy mismo. Los secretarios Córdova y Mayorga recibirán a los representantes de la industria lechera del país, que afrontará un gris futuro si el gobierno federal persiste en su política de producir productos deslactosados. A tal grado es problema, que muy pronto podríamos ver la extinción de las tradiconales fábricas de quesos, tan características de algunos estados de la República Mexicana. Mientras se apagan esos fuegos, hay otras áreas gubernamentales donde también priva la desorganización.

Allí está, por ejemplo, la Conferencia sobre Cambio Climático, que tendrá lugar a finales de este año en Cancún, Quintana Roo. La organización de esta cumbre mundial inicialmente había recaído en Rodolfo Elizondo, quien incluso dejó la Secretaría de Turismo para dedicarse de tiempo completo a estas tareas. Después de que no le aprobaran el presupuesto que había contemplado (poco más de 2 millones de dólares) y de que le hicieran explícito que sólo cumpliría con tareas logísticas, el duranguense decidió renunciar.

Desde entonces, entre los equipos del secretario del Medio Ambiente, Rafael Elvira Quesada, y de la canciller, Patricia Espinosa, se desarrolló una sórdida disputa, de la que ya hubo una primera ganadora: la Secretaria de Relaciones Exteriores presidirá los trabajos de ésta, la COP16 de Cancún, bajo el argumento de que ahora se necesita hacer un esfuerzo diplomático para lograr los mayores consensos posibles. Hasta allí, todo bien. El problema es que la secretaria Espinosa Cantellano es prácticamente una desconocida entre los ministros de Ecología. Y su dominio de esos temas es limitado, por lo que debe contar con la asesoría de su subsecretario de Asuntos Multilaterales, Juan Manuel Gómez-Robledo, quien tampoco es un experto en dichos asuntos.

En vez de solicitar el apoyo de sus colegas de la Semarnat, en Relaciones Exteriores ya crearon una oficina especial para atender los asuntos de cambio climático, que encabeza el embajador Luis Alfonso de Alba como representante especial y a la que también pertenece el embajador Ernesto Céspedes Oropeza, quien funge como Comisario General de la COP16 de Cancún justo el cargo que declinó Rodolfo Elizondo, para quien era un insulto estar bajo las órdenes de la Canciller.

La descoordinación gubernamental es la moda sexenal.

EFECTOS SECUNDARIOS

FIGURAS LEGISLATIVAS. Hace una semana, en Cancillería, los funcionarios calderonistas encargados de la COP16 de Cancún se reunieron con representantes del Congreso de la Unión. Quien se llevó la tarde fue el diputado priísta Alejandro Moreno, secretario de la Comisión de Cambio Climático, por sus comentarios puntillosos. Peor estuvo el presidente de esa Comisión, el diputado panista César González, quien se dio el lujo de rechazar la asesoría que le ofrecieron técnicos del Centro Mario Molina. Como buen politólogo debe saber mucho de temas ambientales.