Es el libro de Paul Krugman que compila sus artículos del New York Times. La lógica del libro, por sus intervenciones introductorias a cada tema y la selección de los textos publicados, pretende demostrar que siempre tuvo la razón en temas como la seguridad social, el boom inmobiliario, la respuesta a la crisis financiera, el medio ambiente, la guerra comercial, los impuestos y todos los temas en los que encabeza (sí, de alguna manera pontífica) cada semana que se podría llamar el progresismo en Estados Unidos. No de manera sorprendente, lo que más llama la atención del conjunto de textos es la claridad y sencillez con la que es capaz de exponer temas que normalmente, en la jerga económica, se vuelven crípticos, y por tanto se dificulta su debate público. Si uno conoce alguna joven que esté interesada en estudiar economía, inmediatamente habría que invitarla a leer libro de Krugman. La idea central que el Nobel busca sostener es que sus oponentes ideológicos, los republicanos y en general los conservadores económicos, con frecuencia utilizan datos falsos, o interpretaciones erróneas de los mismos, y recurren a mantras, más que a argumentos, para sostener sus tesis. Es decir, si bien existen argumentos para defender posturas como que reducciones fiscales pueden promover el crecimiento de la economía e incluso elevar la recaudación, en realidad esto sólo sucede bajo determinadas circunstancias, pero la idea se utiliza como verdad absoluta por todo un aparato de opinadores, laboratorios de ideas, políticos y empresarios básicamente, porque conviene a un grupo de personas. Es la misma argumentación de Owen Jones en The establishment o la de Fernando Escalante en El neoliberalismo, hay un conjunto de ideas económicas que se siguieron al pie de la letra, no por sus méritos en cuanto a su pertinencia, sino que, en buena medida, prevalecieron sin mucha discusión porque ayudaban a la lógica de acumular ganancias.

Uno de los capítulos llama particularmente la atención, el que sostiene el argumento de que en realidad la llegada de Trump al poder es un camino pavimentado, aunque quizás no deseado exactamente de esa manera por la derecha republicana, que por años cultivó a un electorado de hombres blancos marginados, al que vendió ideas racistas, contra la migración o la invasión de países para supuestamente evitar el terrorismo, y otras que los perjudicaban a ellos mismos, como que las ayudas sociales eran perjudiciales a la sociedad, y señaló como teorías conspiratorias, absolutas verdades, como el cambio climático. Es decir, la imposición de estos mantras económicos al final llevó al triunfo de la extrema derecha en Estados Unidos.

Krugman dice que aceptó escribir artículos de periódico y pasar de ser un académico a un intelectual público, porque entendió que las decisiones de política pública no dependían tanto de lo que avanzara la discusión teórica y empírica de las ciencias sociales, sino de cómo el aparato de ideas que básicamente sostiene que la intervención estatal debe de ser mínima, en todos los casos de regulación y provisión de bienes, ganaban terreno sobre el resto de las soluciones que se podían proponer para resolver problemas públicos. Habría que decir que Krugman ha desarrollado con extraordinaria eficacia la tarea que se propuso, mientras que él se dedicó a divulgar ideas progresistas para atender problemas de seguridad social, clima, reactivación económica, regulación financiera y comercio, la derecha Norteamérica repite, como zombis, las mismas ideas y está formada en la vergonzosa fila de la candidatura de Trump. Están moralmente derrotados, aunque ganen la siguiente elección. Mientras tanto, Krugman es un “santón” del progresismo, un tanto bravucón, pero muy bueno, muy claro y muy capaz de influir en la opinión pública.

Twitter: @vidallerenas

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.