Atlante es un ejemplo de constancia, de siempre hacer las cosas de la peor manera posible, sobre todo fuera de la cancha, sitio en el que ayer su directiva comenzó a cerrar con broche de oro lo que, a menos de la llegada de un verdadero milagro, será su última temporada en Primera División desde la temporada 1990-91, año en el que logró recuperar la categoría apenas 12 meses después de haber caído al abismo de la entonces llamada Primera A.

Es cierto que es imperdonable que un equipo falle dos penales en casa y deje ir una victoria, como le sucedió a los Potros en la jornada uno ante León. También es muy cuestionable que cuando se lucha por eludir el descenso se reciban goles a los minutos dos y 93 y se deje ir vivo a un equipo que jugó con 10 futbolistas durante 50 minutos.

Pero también es cierto que los azulgrana sabían a qué jugaban, que se veía la mano de un entrenador que trabajó mes y medio con el plantel que él mismo formó, eligiendo a los refuerzos y los elementos que tuvieron que salir del club. Si bien Atlante pagó sus propios errores, el futbol fue ingrato estas dos primeras fechas en las que tuvo en sus manos sumar de a tres, resultados que lo hubieran puesto únicamente a tres puntos de Atlas, su próximo rival en la Liga y más cercano conjunto en la lucha porcentual, en la que los de Cancún están en desventaja de ocho unidades.

Muchos atlantistas clamaban por el regreso de José Antonio García, presidente EJECUTIVO de la institución, quien regresó para esta campaña a vivir el día a día con el plantel y quien además de haber sobresalido por mentir al decir que tenían prácticamente amarrado al colombiano Dayro Moreno como refuerzo, elemento que nunca llegó, anoche dio de qué hablar por destituir al uruguayo Rubén Israel.

Es de todos conocidos que los Potros tenían un estilo definido y que el estratega charrúa no erró penales, ni goles frente a las redes, aún así Israel fue una víctima más del nulo análisis de una institución que desde hace muchos torneos hace todo mal, desmantelando el equipo al vender a sus figuras por muchos millones de dólares que quién sabe en dónde estén. Habría que investigar qué opinan los seguidores azulgranas de las decisiones del directivo.

Tras anunciar mediante su cuenta de twiiter que Atlante había sido el primero en cesar a su entrenador, comenzó a tomar fuerza el nombre del argentino Pablo Marini para tomar las riendas de los equinos, otra decisión que de acuerdo a los números del técnico parece errónea para la directiva que desde hace muchos torneos parece hacer todo lo que esté en sus manos para descender a una de las franquicias con mayor historia y tradición del futbol mexicano.

Si alguien cuestiona por qué no se le da el beneficio de la duda a Marini bastaría que supiera que el estratega nunca ha podido dirigir un torneo completo en México y que su productividad en nuestro balompié en torneo regular es de 44%, cifra que para nada permitiría ilusionarse a los Potros.

Marini dirigió en el Bicentenario 2010 a Jaguares de la fecha seis a la 17 ganando sólo 17 de 36 unidades posibles. En el Apertura del mismo año llegó a Pachuca en la quinta semana de competencia, sumó 21 de 39 puntos y calificó a cuartos, fase en la que fue eliminada. Ese periodo fue el más destacado del estratega, que en la fecha nueve del siguiente torneo fue cesado por los tuzos al tener una productividad del 33%.

Ahora, como bienvenida, el entrenador pampero tendrá como debut el partido ante Atlas, su más cercano contendiente en la lucha por evitar el descenso, en una semana en la que tendrá que trabajar a marchas forzadas luego de que su directiva lo llamara tras tirar por la borda un proceso de un hombre que había logrado impregnar de un estilo al plantel.

Los antecedentes de Marini en México, las decisiones de la directiva y la poca fortuna del equipo en las primeras fechas hacen pensar que la suerte está echada para los Potros, quienes de no ser beneficiados por un verdadero milagro estarán despidiéndose de la Primera División en gran medida por las pésimas decisiones de José Antonio García, Miguel Ángel Couchonnal y compañía.