En los lugares en donde habrá elecciones el próximo mes de julio, se da una constante: la falta de dinero de los candidatos a los diferentes puestos de elección popular para invertir en su campaña política. Las respuestas ante esta situación son, por lo general, que quien así lo deseé ponga dinero de su propia bolsa, o bien, pase la charola entre sus cuates para juntar recursos.

De esta manera se asegura no solamente que la campaña llegue a su fin, sino que, en el caso de que gane el aludido, surjan una serie de preguntas cuya respuesta no es trivial.

La primera de ellas se refiere a la forma como el candidato que gana recupera su dinero invertido. Es casi obvio que quienes pierden terminen con un déficit que cargarán a los fondos de la familia o de sus negocios, aunque también es bien sabido que los que ganan deben recuperar su inversión.

La siguiente pregunta tiene que ver con lo que los contribuyentes, voluntarios o no, a las campañas, exigen a cambio, ya que podemos asegurar, casi sin temor a equivocarnos, que en este negocio la verdad es que nadie da paso sin huarache .

Finalmente, dada la genial política iniciada por los populistas de la izquierda, de reducir sueldos de funcionarios, es obvio que a muchos electos no les va a alcanzar para vivir con su sueldo ni durante ni después del encargo, por lo que deben hacer su propio fondo de estabilización.

Éstos y otros cuestionamientos deberían invitarnos a reflexionar seriamente sobre nuestra famosa democracia y su efecto en el bienestar de la sociedad.

Prácticamente a ninguno de los candidatos a ocupar alguno de los puestos en disputa les importa un bledo el bienestar de la sociedad en general. En su escala de prioridades primero está cumplir con los incondicionales que los apoyaron, luego con las exigencias del partido y finalmente pagar los favores recibidos. Si sobra se puede llamar a alguno que otro experto para ver si se arma un programa de gobierno.

Luego hay que cabildear para conseguir lo más que se pueda de fondos federales y pedirle a una empresa, de cuates de preferencia, que realice una campaña de comunicación. Además, también hay que solicitar una reestructura de la deuda y conseguir un financiamiento a largo plazo para realizar obra pública, con la cual se pueda demostrar a la gente que sí se trabaja, al tiempo que se saca una lana para financiar las próximas elecciones y se deja protegida a la familia y a los cuates claro está. Corroborar lo anterior no es ninguna ciencia. Lástima.

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