En mi última columna me referí a la necesidad de abandonar discusiones ideológicas (mercado vs Estado) y buscar alternativas de políticas que fomenten esquemas de colaboración en actividades agropecuarias. Eso hacen nuestros principales socios comerciales. ¿Por qué no deberíamos hacerlo nosotros?

La industria porcícola proporciona un ejemplo de lo que se puede lograr. El cerdo ha acompañado al ser humano desde hace miles de años. Durante mucho tiempo ha sido considerado un animal sucio, por su facilidad para alimentarse con desechos. Por ello, culturas y religiones lo han rechazado, al calificarlo como impuro.

La producción comercial moderna ha mostrado que la realidad es distinta. El cerdo es un animal que, correctamente manejado, permite obtener carnes de primera calidad, alto nivel nutricional, proporciona grasas benéficas e incluso es recomendado como carne blanca, para ser consumido por personas que padecen condiciones médicas como la hipertensión. No es gratuito que se trate de la carne más consumida en el mundo, después del pescado.

Dinamarca es un país excepcional, en muchos sentidos, pero en particular en la producción de cerdo. Para contextualizar, recordemos que Dinamarca es una monarquía parlamentaria, miembro de la Unión Europea. Su territorio abarca 43,000 kilómetros cuadrados (aunque tiene territorios dependientes en ultramar, como Groenlandia), lo cual significa que es similar en tamaño a Quintana Roo. Dinamarca sería la entidad número 20 en extensión, si fuera un estado en la República Mexicana. Se trata además de un país con pocos pobladores. Se calcula que tiene unos 5.6 millones de habitantes.

No obstante esta aparente limitación de recursos, Dinamarca es una potencia porcícola, la mayor en el mundo si se considera su producción per cápita. Es el país líder en rendimiento, medido por el número de lechones destetados por cada cerda en reproducción al año. Los daneses logran obtener 32 lechones, en tanto en los Estados Unidos se logran casi 26 y en México 23. La producción total es de 1.6 millones de toneladas en canal, de las cuales se exportan 1.4 millones, casi 90 por ciento. Las exportaciones desde Dinamarca representan 9% del total del comercio mundial. En contraste, nuestro país produce 1.4 millones e importa 800,000 toneladas. De hecho, somos el tercer importador más grande, después de China y Japón.

La abundancia de producción permite a los ciudadanos daneses disfrutar de los más elevados niveles de consumo a nivel mundial. Cada persona consume, en promedio, 53 kilogramos de carne de cerdo al año, el doble que en los Estados Unidos y el triple que en México. Lo impresionante es que Dinamarca lo ha logrado no obstante su aparente escasez de recursos y de operar en condiciones climáticas que encarecen la crianza de cerdo. ¿Cómo lo ha logrado? Ha sido mediante la combinación de desarrollo tecnológico, aplicado al proceso de crianza y producción en granja y planta; el desarrollo biotecnológico, que les permite contar con genética avanzada; un cuidado extremo en las condiciones de sanidad e inocuidad; pero, sobre todo, a una estructura que se basa en la colaboración.

La totalidad de la producción de ese país procede de cooperativas. Los productores comparten el uso de activos, como las plantas de procesamiento. Ello permite abaratar los costos de acceso a esa etapa de la producción. La colaboración tiene como objetivo el cuidado del bien común, en este caso la seguridad sanitaria. También permite la diseminación de la tecnología. Los productores daneses han entendido que la prosperidad individual puede lograrse si se tienen condiciones e incentivos para la prosperidad de la industria.

En México la industria vive un momento de oportunidad. La industria se está expandiendo y se está logrando exportar a mercados complejos y exigentes como Japón. Por ello es importante aprender de otras experiencias. Y establecer condiciones para la inversión, la colaboración y el desarrollo de mercados.

* Consultor de Ockham Economic Consulting, especializado en competencia económica y regulación y profesor universitario.

JavierNúñez Melgoza

Consultor

Competencia y Mercados

Consultor en Competencia Económica y Regulación, además es profesor universitario.