El debate del domingo trajo consigo una cauda de comentarios y efervescencia política entre los ciudadanos quienes, al parecer, dejaron a un lado la apatía característica de las mayorías, no silenciosas sino adormecidas, hacia los temas que conciernen a la gobernanza. El redactor de estas líneas desea que el interés continúe; que, el ambiente que priva en la actualidad entre la ciudadanía, sea el inicio del despertar cívico colectivo. No sólo de futbol y telenovelas vive el hombre.

La confrontación dominguera, compendio de frases repetidas a más no poder por el puntero, y de abrumadores ataques de los otros cuatro contra el que encabeza las preferencias electorales, generó, por primera vez en la corta historia de los debates en México, una audiencia comparable a la de una final futbolera.

Considero que el formato, menos rígido del que imperó en las anteriores ocasiones y la acertada intervención de los periodistas Denise Maerker, Sergio Sarmiento y Azucena Uresti —los cito por orden alfabético—, aunado al descontento social y la crisis de seguridad que prevalecen en el país, causó el interés que produjo el fenomenal rating en la televisión abierta y en las plataformas de Internet. Independientemente que el cotejo dominical haya o no despejado las incógnitas comunes relativas a los aspirantes a Los Pinos y sus propuestas, el ejercicio público, pese a corregibles errores, resultó, en mi opinión, interesante y positivo para la sociedad mexicana.

Mano negra

Como suele ocurrir en cualquier debate político, apenas éste termina y ya los candidatos participantes y sus equipos proclaman su triunfo arrollador. Pienso que debe ser la opinión pública la que decida quién y por qué ganó el enfrentamiento. En mi colaboración del pasado martes escribí la percepción que me dejó Ricardo Anaya, la de ser un brillante polemista y un buen orador; también hice mía la opinión de Roy Campos en el sentido de que Andrés Manuel López Obrador, asistió al debate con ánimo de no perder y lo logró.

Nadie me pide, pero yo daré mi opinión sobre el aspirante que, para su desgracia, el PRI hizo suyo, José Antonio Meade, voy a tomar prestada una frase que Margarita Zavala, le dijo al periodista de El Financiero, Amílcar Salazar Méndez: “Meade maneja un camión de basura”. Para formular mi parecer sobre la actuación de la señora que, sin saberlo, me prestó su acertada frase, recurriré a otro préstamo, el del enunciado que hicieron popular Víctor Trujillo y Ausencio Cruz: “Lástima, Margarita”.

Es un hecho que la dama que me proporcionó la frase, así como el campirano norteño de a caballo, que responde al remoquete de “El Bronco” fueron metidos a la contienda electoral por una mano negra: Margarita, a través del INE, para que golpeara a Anaya, y el neoleonés vía el TRIFE para pegarle a “ya saben quién”. Ya “ustedes se imaginarán” de quién es la mano negra. Pero “El Bronco”, que tiene como identidad secreta el nombre de Jaime Rodríguez Calderón, cumplió a medias con la misión encomendada, atacó a López Obrador únicamente 11 veces; mientras que Meade lo hizo 15 veces y Anaya 17.

Pido mano

A propósito de mano, la estrambótica propuesta de Jaime Rodríguez Calderón, de cortar la mano a los que roben, causó estupor entre la población y relajo y regocijo entre los usuarios de las redes sociales que, con el gran sentido del humor mexicano, se dieron vuelo creando memes con los que invadieron las redes sociales. No quiero tomar prestado ninguno de ellos para transcribirlos aquí. Si lo hiciera podría ser acusado por los anónimos autores de plagio, lo que equivale a robo y yo, por ningún motivo quiero perder una mano. Mucho miedo y una duda me asalta: ¿Cuál mano me cortarían? ¿Con la que escribo? ¡No! Propongo un ejercicio de imaginación: ¿Cómo reaccionarían los legisladores con fama de aceptar moches cuando les pidieran su voto a mano alzada? Yo imagino que cuando eso sucediera abundarían las abstenciones. También puede suceder que a algún burócrata con la cola sucia se espante cuando su jefe le diga: Godínez, échenos una mano. De repente, me pongo a pensar: si el corte de la mano va a incluir a todos los corruptos, el país se va a quedar sin la mano que mece la cuna.

Bolsa de espacio

El espacio que ahorré en el tema principal de mi columna, lo dedicaré a un asunto que delata el grado de descomposición al que hemos llegado en nuestro querido país: El secuestro, tortura, muerte y disolución de los cuerpos en ácido de tres estudiantes de cine tapatíos a manos del crimen organizado. ¡Qué pena! ¡Qué vergüenza! Para expresar el grado de indignación que este atroz homicidio causa en mí, recurriré a la transcripción de lo manifestado por uno de nuestros máximos y reconocidos cineastas, el también tapatío, Guillermo del Toro: “Las palabras no alcanzan para entender la dimensión de esta locura. Tres estudiantes son asesinados y disueltos en ácido. El ‘porqué’ es impensable, el ‘cómo’ es aterrador”.

elprivilegiodeopinar@eleconomista.com.mx

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.