Quinta parte

En las pasadas cuatro entregas, se esgrimió que este gobierno de cambio nos presenta notables diferencias en su política económica con respecto a anteriores administraciones. Así, hoy se cuenta con una política industrial que busca generar mayor desarrollo en los estados del sur del país que no han encontrado en la apertura comercial el crecimiento que sí se ha manifestado en el centro y norte de la República. Asimismo, la auténtica reorientación del gasto público hacia las zonas marginadas y en apoyo directo a las personas que más lo necesitan es otro elemento que distingue al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Igualmente, la eliminación de intermediarios para garantizar la entrega directa de apoyos a los ciudadanos es una característica diferencial de este gobierno. Y lo más trascendente es, sin duda, la imperiosa voluntad del presidente por eliminar la corrupción de la vida pública como principio y fin último de la política económica, elemento absolutamente distintivo con relación a los pasados gobiernos, especialmente el inmediato anterior.

En sintonía con la tendencia internacional y al igual que los gobiernos que priorizaron la estabilidad macroeconómica, entendida ésta como mantener disciplina tanto en la política monetaria como en la política fiscal, el presidente busca coadyuvar en mantener el poder adquisitivo del peso mexicano y, en su esfera de acción directa, mediante la hacienda pública, circunscribirse a gastar estrictamente lo que se tiene sin endeudar más al Estado. Sin embargo, nuestro presidente, aun apostando por la estabilidad macroeconómica, tiene aspectos distintivos. En este sentido sí es necesario apuntar que, pese a que los anteriores gobiernos pretendieron tener disciplina fiscal, esto es gastar como gobierno, lo que se tiene, se endeudó de manera irresponsable al país, notoriamente en los tres primeros años del gobierno de Peña Nieto. Y en la parte monetaria, si bien hubo respeto al Banco de México, los anteriores gobiernos buscaron a toda costa que esta institución estuviera siempre influenciada por la misma escuela de pensamiento económico, lo que generó una visión uniforme en sus decisiones que no se reflejó en un control inflacionario del todo eficiente y en línea con lo que el propio banco se trazaba.

En el caso del primer gobierno de izquierda en México, puede llegar a sorprender a muchos escépticos su decidida propensión a no endeudarse; por el contrario, busca converger a un nivel de deuda como proporción del PIB, cercano a 45% que fue el nivel en que le entregaron la administración luego de haberlo llevado a 48% a principios del sexenio anterior. El dejar la deuda en el mismo nivel en el que se recibió podría llegar a representar una de las principales aportaciones de este gobierno a la estabilidad económica que, si se complementa con una adecuada reorientación del gasto hacia los temas de bienestar y seguridad, puede ser el giro de 180 grados que el país necesita para equilibrar la disparidad que existe en materia de desarrollo, y acercarnos a la pacificación del país que está inmerso en niveles de inseguridad nunca antes vistos producto de la herencia de los dos gobiernos anteriores. En el mundo, tradicionalmente los gobiernos de izquierda se han caracterizado por endeudar demasiado a sus países o porque no les alcanza nunca el presupuesto público para cubrir los beneficios sociales que ofrecen. En este sentido, es absolutamente relevante que el presidente López Obrador esté comprometido con la austeridad y el estricto apego a los recursos con los que cuenta para hacer frente a los gastos de su gobierno.

En el caso de la política monetaria, su voluntad de respetar la autonomía del Banco de México se ha complementado con la incorporación, en estricto apego a sus facultades constitucionales, de nuevos miembros de la Junta de Gobierno —Jonathan Heath y Gerardo Esquivel—, quienes, al provenir de otras escuelas de pensamiento económico distintas a la que dominaba a este órgano constitucional, han ido demostrando (y poco a poco lo irán a hacer aún más), que manteniendo la autonomía se puede perfectamente enriquecer el debate dentro de la junta de gobierno. Es claro que, en política económica, este gobierno mantiene la disciplina fiscal y monetaria, pero con notables diferencias con los gobiernos anteriores.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas