Las festividades de fin de año nos alcanzaron en un año donde la mayoría de las personas pronosticaban el fin de la pandemia para finales del verano. Lo cierto es que no se vislumbra un final claro para la pandemia.

Mientras tanto, ante la inminente llegada de las festividades de fin de año, muchas figuras públicas empiezan a alzar la voz sobre las recomendaciones para las celebraciones de fin de año. Barack Obama, el expresidente de Estados Unidos, tuitea sobre la recomendación de los organismos de Salud Pública en el sentido de intentar organizar las cenas del Día de Acción de Gracias de manera virtual, es decir, hacerlas por zoom para congregar la menor cantidad de personas posibles alrededor de la mesa.

Epidemiólogos expertos de las principales universidades de Estados Unidos también han dado, por su parte, recomendaciones: evitar reuniones de no más de las personas que habitan en una unidad doméstica, evitar vuelos y en la medida de lo posible, portar cubrebocas durante los momentos en los que no se consumen los alimentos. También se aconsejó el uso de desechables y hacer las cenas en áreas abiertas.

Varios aspectos llaman la atención sobre el efecto de una celebración en la que la comida tiene el papel principal sobre el festejo. El caso del Día de Acción de Gracias, incluye por supuesto el ritual de preparar los platillos de un repertorio gastronómico específico con recetas de la temporada. Incluye también la reunión alrededor de una cena. El ritual de compartir la comida se combina con el ritual de dar gracias por las bendiciones recibidas.

El hecho de que diferentes voces y autoridades hayan llamado la atención sobre la necesidad de cuidarse en tiempos de pandemia ante la llegada de esta festividad, demuestra que el acto alimentario sigue siendo central no sólo en la vida cotidiana de las personas, sino en los festejos que sirven para dar sentido a diferentes aspectos de la vida social.

Otro aspecto que llama la atención, es que es un lugar común decir que existen ciertas sociedades “carentes de cultura”, si se comparan con los rituales, las festividades y las celebraciones que tenemos ancladas en el caso mexicano, incluso desde tiempos prehispánicos. Sin embargo algo que debemos recordar, es que ninguna “tradición” o celebración cultural es inamovible y fija al paso del tiempo. Ellas cambian, se adaptan, se renuevan o incluso desaparecen en función de las condiciones socio históricas de la época.

Las celebraciones que incluyen comida, son de las más poderosas que existen no sólo porque existe un objeto físico – la comida – cuya preparación se puede transmitir de generación en generación, sino también el acto de consumirlos. Es muy probable que la temporada de festejos de fin de año para algunas personas no sea lo mismo que en años anteriores. Pero también, es probable que una gran mayoría olvide el confinamiento o subestime el riesgo, puesto que los rasgos culturales presentan mayor resistencia que los riesgos percibidos de contraer Covid.

Será interesante observar cómo se comporta la pandemia a raíz de las fiestas de fin de año porque además del hito histórico que esto conlleva, resulta ser un experimento social “in vivo”. La pandemia ha sin duda, sacado lo mejor y lo peor de las personas en crisis. Resultará interesante observar cómo algunos aspectos culturales se anteponen, incluso al riesgo latente de morir por complicaciones del Covid.

Twitter: @lilianamtzlomel

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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