El Salvador, como el resto de América Central, es generalmente ignorado por la opinión pública mexicana, a pesar de su importancia geopolítica, comercial y la cercanía cultural con nuestro país. Una excepción es, por su puesto, lo que en este medio escribe Rubén Aguilar, quien entiende como nadie lo que sucede en esa región. El Salvador es un país de 6.5 millones de habitantes, con 2 millones más en Estados Unidos (EU), la tercera comunidad hispana en ese país.

México fue un actor clave para el fin de la guerra civil, que recientemente recobró notoriedad con la santificación de monseñor Romero y que concluyó con los tratados de Chapultepec. Después de la guerra, se consolidó un sistema político bipartidista, bastante estable, primero dominado por los gobiernos del derechista Arena y después por los del partido de izquierda que formó el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Los gobiernos de ambos partidos se han visto envueltos en escándalos de corrupción y las interesantes políticas redistributivas del FMLN no fueron suficientes para compensar la falta de liderazgo de sus dirigentes y la epidemia de la violencia.

El ganador y, en primera vuelta, triunfador en los 14 departamentos del país fue el treintañero Nayib Bukele, exalcalde de la capital, quien rompió con el FMLN y que presentó una propuesta enfocada en combatir la corrupción y lograr la unidad nacional. Óscar Picardo, un columnista de la célebre plataforma digital, El Faro, afirma que la campaña se agotó en un hashtag #DevuelvanLoRobado.

Nayib representa el cambio en la mayor parte de las coordenadas sociales de ese país. Su propuesta principal fue superar la lógica de la posguerra, el enfrentamiento que mantenían los dos partidos que surgieron del conflicto armado, para construir un acuerdo nacional nuevo. Su fe musulmana, extraña incluso en un país con una enorme comunidad de origen árabe, supera la tensión que ya existe entre la tradicional iglesia católica y la evangélica que tiene su origen en la migración que regresa de EU. Las expectativas sobre Nayib son altas y sin duda el futuro de El Salvador luce mucho mejor con respecto a los otros países de Centroamérica, al contar con un presidente pragmático.

La violencia es el principal reto, debido a que en ese país se presentan 3,300 asesinatos al año y tiene una de las tasas de encarcelamiento más altas del continente. Los gobiernos han pasado de dialogar con las maras a las políticas de línea dura, con acusaciones graves a los derechos humanos. La otra es ofrecer alternativas a una población que tenía como principal opción de vida el migrar a EU para trabajar, lo que ahora se torna prácticamente imposible. Eso implica explorar nuevas posibilidades de desarrollo en la región, que es algo que ha propuesto el gobierno mexicano. El punto es que nuestros vecinos del sur, con los que tenemos intensos intercambios, también están cambiando sus regímenes políticos, algunas veces en el mismo sentido de lo que sucede en México.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.