El gobierno federal no puede dejar quebrar a un estado.

Para poder analizar el comportamiento del crédito bancario de los últimos años, es necesario separar de las gráficas los préstamos que estas instituciones han hecho a estados y municipios.

El resto de los préstamos a particulares, como los créditos al consumo, hipotecarios, empresariales, palidecen junto a las espectaculares cantidades y tasas de crecimiento de los empréstitos a las entidades públicas.

Por eso las gráficas son dispares. El crédito al sector público es elevado y con momentos de crecimientos espectaculares, el crédito al sector privado es limitado y con crecimientos, en promedio, moderados.

Si va al banco y pide prestado para una casa, podrían pedirle no sólo la garantía de su propiedad, sino una póliza de seguro a nombre del prestamista. Si pide para un automóvil, la tasa será alta comparada con las tasas pasivas y la inflación, además de la garantía del propio bien. Y si lo suyo es el crédito quirografario al consumo, pues ahí le encargo la tasa de interés que tiene que pagar.

Pero cuando los estados y municipios llegaban a los bancos a pedir prestado, no los hacían esperar en la fila para ser atendidos por un ejecutivo, no sacaban ficha para pasar a ninguna ventanilla. No. Las reuniones eran personalizadas, cordiales y, muchas veces, en la comodidad de los mejores restaurantes de México.

La mejor carta de presentación de los gobernadores, presidentes municipales o sus representantes eran las cuentas por cobrar al gobierno federal.

Tras la derrota del PRI en la elección presidencial del 2000, la soberanía de las entidades del país se transformó en libertinaje. Los gobernadores se convirtieron en reyezuelos, dictadorsitos, nuevos ricos irresponsables que hacían, literalmente, todo lo que querían.

Con la omnipotencia del poder dentro de las fronteras de los estados, rápidamente, controlaron el Congreso. Muchos se hicieron muy buenos amigos de no pocos comunicadores que, sin pudor, se convertían en sus voceros. Pienso irremediablemente en estilos tan grotescos de conducirse como el de Fidel Herrera en Veracruz.

Mandatarios irresponsables, congresos locales controlados, periodistas contentos, ciudadanos distraídos, gobiernos federales indiferentes, fueron elementos más que suficientes para generar uno de los más grandes peligros financieros internos que enfrenta la economía mexicana.

El caso más emblemático es del de Humberto Moreira y la deuda multimillonaria que dejó a los coahuilenses para que la paguen el resto de sus vidas. Hoy este exgobernador enfrenta el dolor que padecen cientos de miles de personas: haber perdido un familiar a manos del crimen. Pero es capaz de irse a estudiar a Estados Unidos, sin explicar de qué vivirá, y de salir repartiendo mentadas al expresidente Calderón. Algo que no hizo con el mismo valor cuando aquél era todavía Presidente.

Lo escribí antes en este espacio, en México tenemos muchos estados que están en una condición similar a la de Grecia, con la diferencia de que aquel es un país autónomo que tiene que defenderse con sus propias herramientas, mientras que aquí, en México, al final, el gobierno federal no puede dejar quebrar a alguna de las entidades que forman parte de la unidad del Estado.

Tiene muchos años que las autoridades de la Secretaría de Hacienda están al tanto del tamaño del problema, pero la realidad es que hasta ahora, abiertamente, esta dependencia pública acepta el problema y elabora una iniciativa para poner un alto a esa posibilidad de endeudarse de manera irresponsable.

Pero, como lo digo en el título de la entrega de hoy, si los gobiernos de los estados y municipios mataron la vaca de la responsabilidad fiscal, la banca privada le detuvo la pata prestando tantos recursos con la clara conciencia de que deudas tan altas implicarían daños fiscales importantes.

Así que ojalá que a la par de regular a los estados y municipios en su comportamiento financiero, también la autoridad bancaria le ponga reglas más estrictas a los bancos para prestar dinero a las entidades públicas.

No es un problema que los bancos presten, no hay nada de malo que las entidades se endeuden. El destino de los recursos es un tema básico pero la viabilidad de pago de lo prestado es indispensable.

Claro que los bancos no quieren ninguna especie de control para seguir prestando como hasta hoy. Pero tanto los bancos como las deudas públicas ya han metido a este país en repetidas crisis económicas. Así que ya es hora de ponerle un alto a los dos: al que presta y al que gasta.

Tanto al que mata la vaca financiera como al que le agarra la pata desde la banca comercial.

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