En este año la deuda pública global ha alcanzado niveles cercanos a los observados durante la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la contracción en la producción, la caída en los ingresos y los apoyos discrecionales sin precedentes empujarán a la deuda pública global por arriba del 101% del PIB mundial en los próximos meses.

Después de la crisis financiera del 2007-2008, las economías avanzadas ya habían alcanzado y mantenido niveles por encima del 100% de su PIB. La inyección de recursos para el rescate del sistema financiero y la compra de activos del sector privado, aunado con los efectos de la Gran Recesión, detonaron un incremento significativo en la deuda pública en Europa y Estados Unidos.

Es decir, la expectativa del FMI apunta al incremento considerable en la deuda pública no solo de las economías avanzadas, sino de países como Brasil y China. Ante esta situación las grandes preocupaciones son: cual va a ser el impacto en el crecimiento económico de largo plazo y cuáles van a ser las estrategias de los gobiernos para afrontar el servicio de la deuda.

Durante la Gran Recesión, la Troika europea (FMI, Banco Central Europeo y la Comisión Europea) recomendó repetidamente a los países más débiles y endeudados en Europa a recortar el gasto público con el objetivo de reducir la deuda independientemente del posible costo social. El rescate de países como Grecia, Irlanda y Portugal fue condicionado a reducciones en el gasto público. Esta política tuvo un impacto negativo en el crecimiento económico incrementando la relación deuda/PIB de estos países aún más.

Varios economistas, entre ellos Mazzucato, Amir Sufi y Atif Mian, han argumentado que altos niveles de deuda pública tienden a detonar políticas de reducción de gasto público a través de recortes a actividades esenciales para el crecimiento de los países y la distribución del ingreso como proyectos de infraestructura, salud y educación. Es decir, el sobreendeudamiento no solo es un obstáculo para el crecimiento económico, sino también puede causar un aumento en la desigualdad económica.

Calcular el nivel de deuda pública adecuado no es fácil porque depende de las tasas de interés y de la tasa de crecimiento económico. Si la economía crece a un ritmo más acelerado que la tasa de interés no hay mucho de qué preocuparse. Si, como en México, las tasas de interés están por encima de la tasa de crecimiento y si una porción considerable de la deuda está en moneda extranjera, ante depreciaciones de la moneda, incluso una deuda pequeña pudiera ser incontrolable.

Es por esto que los gobiernos, más que preocuparse por los niveles de deuda, deben ocuparse en implementar políticas encaminadas a la reactivación de los sectores productivos y al fortalecimiento de la demanda y por lo tanto del empleo. En México, los planes trazados por el gobierno de López Obrador desde antes de la pandemia, sirvieron como pauta para la estrategia en la actual crisis. Evitar el endeudamiento público y apoyar al consumo inmediato a través de los apoyos económicos y microcréditos directos a los sectores sociales más vulnerables, y por lo tanto con una mayor tendencia a gastar, son un paso en la dirección correcta para que la actual recesión no se convierta en una afectación prolongada en la economía.

Es muy temprano para determinar si toda la estrategia del gobierno repercutirá positivamente en la economía. Pero ahora que empieza la hora cero para relanzar la economía, México lo puede hacer sin el pesado lastre de un endeudamiento inoportuno y a destiempo.

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.