La semana pasada, el arrogante magnate anaranjado Donald Trump, por enésima ocasión reveló su talante xenofóbico y racista durante una discusión en la Casa Blanca sobre las ciudades –Santuario- de California que se niegan a cooperar con el ICE, el servicio de migración y aduanas de EE UU.

En esa ocasión, el orate magnate que, inexplicablemente, se mantiene en el Poder Ejecutivo de los Estados Unidos de Norteamérica, manifestó: “Tenemos a gente que llega al país que ustedes no creerían lo malo que son. Estas no son personas, son animales”.

Días después del pronunciamiento del insolente empresario neoyorquino, en una escuela secundaria de Santa Fe, un tirador de 17 años, baleó a sus compañeros y personal docente, dejando un saldo de 10 muertos y, cuando menos, otros tantos heridos.

El tiroteo de Texas es, en lo que va del año, el número 22 en colegios de EE UU, lo que da un promedio de uno por semana. La violencia armada en el país, todavía, más poderoso del planeta, es una paradoja inconcebible. Mientras sus autoridades se han constituido en los policías del mundo, al interior de esa nación la sociedad se mata entre sí con armas de fuego, al ritmo de 93 muertos por día –33,945 al año.

¿Cómo es posible que en un país donde viven 325 millones de personas, existan, repartidas entre sus ciudadanos 292 millones de armas; un tercio de las que tienen el resto de los habitantes del mundo? Los datos son de Small Arms Survey, un proyecto independiente de investigación del Instituto Superior de Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza.

Con este cuadro de violencia interna, ¿cómo se atreve el señor de los cabellos teñidos y acomodados como quesillo de Oaxaca a llamar animales a los migrantes?

Ecos del debate

Aunque ya ha sido analizado por verdaderos especialistas, emitiré, brevemente, mi opinión sobre el segundo debate entre los cuatro candidatos a la presidencia que se llevó a cabo el pasado domingo.

Opino que el formato fue más dinámico que el aburridísimo de otras ocasiones. Los conductores o moderadores, León Krauze y Yuriria Sierra, me parecieron atinados, aunque, cada uno tuvo un momento en que más que moderadores, semejaron inquisidores. Lo que sí me pareció una simulación fue el hecho de que las personas del público hicieran preguntas, a todas luces, preparadas por los organizadores del debate; ni las memorizaron ni las leyeron bien.

El hecho de que el formato de la confrontación fuera más ágil, no significa que ésta fuera menos aburrida que las anteriores. Los candidatos expresaron más injurias contra los adversarios que propuestas hacia los ciudadanos. Desde su posición de puntero en las encuestas, López Obrador congeló el balón, lo llevó lo más lejos posible de su portería y a todos los temas contestó de manera similar: todo se compondrá con la autoridad moral generada en lucha contra la corrupción. Celebró las cien representaciones del chiste del robo de cartera e inauguró el que será su caballito de batalla por lo que resta de campaña: “Riki, rikín, mafiosín”.

Respecto a los aspirantes de las coaliciones encabezadas por el PAN y el PRI, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, continuaron con los ataques mutuos, razón por la cual no pasan del segundo y el tercer lugar, respectivamente. Cada vez que Meade arremete contra Anaya o éste contra Meade, el tabasqueño se siente más cerca de Los Pinos o de Palacio Nacional.

Ahora entiendo por qué el Tribunal Electoral de la Federación impuso al Bronco como candidato presidencial. Todo circo necesita un buen payaso. Díganme si no es una payasada el proponer un Inventario de Drogadictos. Me imagino que para realizar su propuesta tendría que haber un número telefónico; al marcarlo una grabadora contestaría: “Está usted hablando a la Central de Drogadictos, para registrase marque uno si fuma marihuana, dos si inhala cocaína, tres si se mete tachas, si consume las tres cosas, marque cuatro”. ¡No hombre, un genio!

WhatsApp

Motivada por la columna del martes en la que defendí a los adultos mayores como el que redacta lo que usted lee, una amiga que vive en San Miguel Allende, Guanajuato, me envió a través del WhatsApp la siguiente historia:

Un hombre de la tercera edad caminaba por el bosque cuando escuchó una débil voz que provenía del suelo. Se agachó y descubrió que le hablaba una ranita: -“Soy una princesa hermosa, erótica, sensual, diestra en todos los placeres de la carne y al amor. Una bruja mala, envidiosa de mis encantos, me convirtió en rana, pero si me das un beso volveré a ser bella. Entonces te daré todos los goces y deleites que mi voluptuoso temperamento puede producir”.

Sin decir nada, el adulto mayor levantó a la rana, se la echó al bolsillo y siguió su camino. Desconcertada, la ranita, asomó la cabeza y preguntó: -“¿Qué? ¿No me vas a besar?”. Por supuesto que no –respondió el adulto en plenitud -de colesterol-. A mi edad es mucho más divertido tener una rana que habla que una mujer, medio loca, insaciable y maniática sexual, que trastoque mi feliz soledad y se gaste toda mi pensión.

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ManuelAjenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.