La jornada de ayer fue mucho más que la toma de utilidades después del happy­ monday. Fue un día para reflexionar sobre los límites del súper escudo financiero. Los 750,000 millones de euros servirán para evitar la quiebra de Grecia y el contagio de corto plazo a España, Irlanda, Italia o Portugal, pero nada más.

¿Nada más? Por qué tan exigentes, podría reclamar más de uno. El plan acordado por los líderes de la Unión­ Europea, el FMI y Estados Unidos deja pendiente la solución de los problemas de fondo. El paciente consiguió los seis litros de sangre que necesitaba, pero hay muchas cosas por resolver.

No hay un plan creíble de reducción de los déficit­ públicos ni una posibilidad realista de que alcancen un mayor crecimiento económico. Peor aún: los esfuerzos de reducción del déficit traerán menor crecimiento económico y eso podría complicar las cosas. La austeridad sin crecimiento casi siempre tiene como consecuencia la expansión de los déficit, en vez de su reducción.

Los 750,000 millones de euros otorgan tiempo y margen para buscar respuestas a estas cuestiones tan complicadas. Tiempo y margen, pero no tanto. Por eso las tasas de interés interbancarias siguieron subiendo ayer en Londres, la mayor plaza financiera de Europa. Luego de la euforia, sigue el nervio­sismo porque los problemas de fondo no están resueltos. El muro fue resanado,­ pero la grieta está ahí.