En el horizonte deseamos el final de la pandemia. Lamentablemente no parece cerca. Han sido meses de incertidumbre, dolor y angustia con una cantidad lamentable de pérdida de vidas, daños colaterales mayúsculos más un altísimo costo económico. Mucho se ha perdido, poco se ganó. Si bien surgieron una cantidad importante de vacunas más o menos buenas, al igual que el avance tecnológico se disparó, el resto de las asignaturas francamente han sufrido retrocesos significativos. Los sistemas de salud colapsaron en todo el mundo, los tratamientos de enfermedades no relacionadas con el Covid fueron pospuestos con consecuencias fatales que surgirán a lo largo de los siguientes años. Al mismo tiempo asistimos a una pandemia de enfermedades de salud metal que traerán un impacto considerable en el futuro. Las relaciones interpersonales comenzarán a complicarse dentro de las familias, el trabajo y vecinos particularmente de aquellas personas que perdieron a sus cercanos, el trabajo o sus casas. Del mismo modo, los ciudadanos estarán menos tolerantes con sus gobiernos, sobre todo, los que no sean suficientemente empáticos con la nueva realidad que enfrentarán sus gobernados. En su momento, el fuerte impacto que la pandemia tuvo en la educación de niños, jóvenes y adultos. En efecto, se han perdido capacidades para sociabilizar y cognitivas pues por más que los amantes de la tecnología sin límites, quieran decirnos lo contrario, el Zoom no sustituye el encuentro frente a frente.

En el ámbito económico las cosas serán complicadas. El ajuste fiscal global tarde o temprano deberá llegar. Todos los gobiernos sin excepción están endeudados de una forma alarmante. Este ajuste, no obstante, enfrentará sociedades poco propensas a aceptar incrementos en sus contribuciones luego de ver cómo los sistemas de salud, educativos y cobertura social prácticamente, con cierta razón, colapsaron los últimos meses. Por su parte las autoridades querrán justificar aumentos en el gasto público argumentando necesidades precisamente para salud, educación y sistemas de cobertura social. A los gobiernos no hay dinero que les alcance. Los países, sin embargo, deberán afrontar amortizaciones crecientes de sus deudas. Igual de grave, está la parte monetaria. Hace poco más de 10 años, para medio salir de la crisis subprime originada en EU, los bancos centrales de las naciones más avanzadas prácticamente duplicaron sus balances inundando el planeta de dólares y euros. La era posCovid igualmente cobrará la factura del abultado endeudamiento de empresas y gobierno cuando se retiren los estímulos monetarios que han sido verdaderamente escandalosos. De no ser calibrados correctamente, ambos ajustes, fiscal y monetario, generan incertidumbre en los mercados financieros de pronóstico reservado. A lo que sumarán, las sorpresas que las empresas —Evergrande— y los gobiernos —China— nos tienen preparados con eventual ocultamiento de su verdadera situación económica. La salida de la pandemia aún está por materializarse, el desenlace posterior traerá importantes desafíos.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

Lee más de este autor