La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás.

Winston Churchill.

Los resultados del reciente proceso electoral han motivado una serie respuestas encontradas, preocupaciones y especulaciones, que muestran muchos de los sesgos de conducta que afectan la percepción y las decisiones de las personas de manera cotidiana.

Durante el proceso, la misma información fue interpretada de maneras opuestas y era rechazada o validada dependiendo de las percepciones personales. Tratándose de las encuestas, las mismas personas que antes invalidaron su fiabilidad ahora las usaron como instrumentos infalibles; mientras que aquellos que en el pasado las usaron para reafirmarse y validar sus posiciones ahora las denostaron. En la mayoría de los casos, las posiciones mostraron la muy limitada capacidad de comprensión matemática que impide entender y reconocer las metodologías, implicaciones y alcances de los de modelos (serios) de análisis probabilístico y estadísticos.

El proceso electoral mostró, además, particularmente en redes sociales, la proclividad a considerar cualquier opinión contraria a la propia como rechazable por principio; sin ningún esfuerzo mínimo de analizar los méritos de los planteamientos o preocupaciones de quien para estos efectos se percibe como contrario.

Una vez concluido el proceso, estas posiciones se exacerban, descalificando y atacando a los contrarios, que más que rivales son vistos como enemigos.

Ahora, el resultado electoral genera en algunos casos absoluto beneplácito, sin ningún sentido crítico, mientras que en otro se ve un exagerado sentido de preocupación, como si existiera riesgo de una catástrofe inminente.

La realidad, como casi siempre, se encuentra en algún lugar en medio.

La aplastante victoria que observamos de un movimiento político refleja particularmente el hartazgo de una sociedad ante lo que percibe como un distanciamiento, abandono y cinismo de la mayoría de las élites políticas; así como de su notoria incapacidad —cuando no displicencia— para actuar en temas relevantes para la vida cotidiana de las personas, en temas como la seguridad, la desigualdad o la corrupción.

Como la historia de la humanidad lo muestra, ante escenarios de hartazgo social, con frecuencia las propuestas que retoman y hacen suyo el nivel de descontento suelen ser exitosas, en especial si son acompañadas de propuestas de solución simplificadas, aunque, en la mayoría de los casos, éstas no sean necesariamente viables y consistentes. En el corto plazo, los mercados financieros internacionales, que también se mueven a partir de percepciones, habían descontado ya el triunfo de la coalición de Morena desde hace muchos meses, lo cual provocó que, como ya se había previsto, se redujera la volatilidad en los días previos a la elección y, posteriormente a ella, se produjera una leve apreciación del tipo de cambio.

Las preocupaciones de algunos pueden ser matizadas, si se considera que México tiene algunas instituciones fuertes que limitan la capacidad del Poder Ejecutivo para tomar decisiones que comprometan la estabilidad económica. La autonomía del Banco de México y la Ley de Disciplina Financiera impiden endeudamiento público excesivo y otras tentaciones de corto plazo para incidir en la economía.

La existencia de un tipo de cambio flexible, por otro lado, sirve como variable de ajuste ante choques externos y volatilidad o desajustes internos, que rápidamente se manifiestan como una expresión de que algo debe ser corregido. Existe el riesgo de que ciertas iniciativas o la cancelación de algunas vigentes tengan un impacto sobre el crecimiento. Las inyecciones de recursos a la economía a través de mecanismos como subsidios y transferencias directas pueden provocar una recuperación del consumo interno, pero también pueden traducirse en presiones inflacionarias.

El argumento de que las cosas siempre pueden ponerse peor, aunque conceptualmente correcto, no debe hacer olvidar que de ninguna manera el país hoy está en el mejor lugar posible en términos económicos o sociales en el país.

El nuevo gobierno tiene la ventaja de que puede reconocer, en el resto de las experiencias latinoamericanas de gobiernos con similares visiones de país (cuya mayoría incluso ha salido ya del poder), los errores puntuales que generaron desequilibrios profundos y de largo plazo.

Tal vez el principal tema de preocupación, más allá de la visión de cambio con la que podemos estar, parcial o totalmente, de acuerdo, es que, como sociedad, debemos vigilar el amplio mandato que se le ha dado al actual gobierno. Mayorías absolutas en ambas cámaras aseguran la posibilidad de introducir iniciativas de reforma profunda. Mayorías en más de 17 congresos estatales aseguran la posibilidad de que esos cambios sean a nivel constitucional.

Lo que como sociedad nos toca hacer es, más que denostar u ofender a quienes votaron a favor o en contra del nuevo gobierno, es actuar no como militantes de redes sociales, sino, efectivamente, como ciudadanos vigilantes de que nuestro país realice los cambios que nos aseguren una sociedad con crecimiento económico, con menor desigualdad y, sobre todo, con perspectivas de mejora del empleo, condición única para garantizar el bienestar económico de las familias.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares

Raúl Martínez Solares

CEO de Mexicana de Becas

Economía Conductual

Desde 2006 fue Director Comercial de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo y a partir de enero de 2012 es Director General de esa empresa.

Es especialista en temas de estrategia de negocios y mercadotecnia; Economía Conductual, cambios demográficos y ahorro previsional de largo plazo, como pensiones y ahorro educativo.