Los consumos culturales a los que estamos expuestos, en ocasiones podrían banalizar los efectos del retrato de algunos desórdenes alimenticios.

Durante la pandemia, y en especial en esta época del año, las principales opciones de streaming lanzan sus apuestas fuertes para el año. Nuestros consumos culturales, es decir, las opciones de entretenimiento que leemos, escuchamos o vemos, desde un punto de vista sociológico, influyen en algunos de los posicionamientos que tenemos frente al mundo.

Por otro lado, no es una novedad, que en diferentes medios audiovisuales se retraten imágenes inalcanzables de cuerpos o maneras de verse que son determinadas socialmente. Este hecho ha interpelado a varios estudiosos de ciencias sociales, pues existen debates entre lo que fue primero entre el huevo y la gallina. Específicamente, esto se refiere a que en muchas ocasiones se culpa a los medios audiovisuales de retratar ideales de belleza y corporales difíciles de alcanzar, que ocasionan insatisfacción corporal y eventualmente la manifestación de ciertos trastornos alimenticios. En otras ocasiones se argumenta que en los medios al final solamente se retrata el signo de los tiempos, y que los cánones y estándares corporales y de belleza son dictados socialmente.

Independientemente de lo anterior, lo que queda claro es que el tratamiento de los desórdenes alimenticios no debe hacerse a la ligera, sobre todo en series que son para el entretenimiento. Recientemente se estrenó la nueva temporada de The Crown, donde se retrata la bulimia que padeció la princesa Diana durante el periodo en que perteneció a la familia real británica. Además de retratar la presión sobre el lugar que ocupó, se retratan las prácticas de atracón y posterior provocación del vómito. Antes de estos episodios, se advierte al espectador sobre ello además de ofrecer la dirección de un lugar en internet para ayuda de las personas que padecen estos trastornos. Pareciera que de manera implícita, se acepta que la responsabilidad sobre el tratamiento de estos complejos temas no está del todo reflejada en la serie, y por lo tanto, podría prestarse a una malinterpretación del retrato de la princesa.  En concreto, parecería que el desorden alimenticio se justificaría por la presión que sufrió. El tema es que la princesa es un ícono de diferentes maneras para diferentes sectores de la población, y podría llegar a “glamourizarse” el hecho de padecer uno de estos trastornos.  La bulimia no es solamente una cuestión de provocarse el vómito, ni la anorexia una cuestión de “no comer para no engordar”. Estas ideas comunes representan la punta del iceberg de padecimientos.

La realidad es que la etiología de los trastornos alimenticios es multifactorial, y no solamente por la presión “del deber ser”( en este caso, del deber de pertenecer a la familia real). Provienen de necesidades emocionales más profundas y complejas, y su manifestación depende también de otras tantas variables complejas. Posicionar los trastornos alimenticios en mujeres de clase alta es ahora también un estereotipo, pues la población que se ve afectada por ellos es más plural de lo que creeríamos.

Lo mismo sucede cuando se tocan temas como las adicciones o las enfermedades mentales: pareciera que tenemos a qué o quiénes echarles la culpa de su origen, pero muy pocas veces se puede retratar de manera extensiva todo lo que conlleva no sólo el tema de “tocar fondo” sino también, los esfuerzos por recuperarse y salir delante de todos estos padecimientos.

@lilianamtzlomel

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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