México está en una encrucijada muy peligrosa. Somos millones los que estamos hartos de las mentiras sistemáticas, las promesas incumplidas, los falsos profetas, los caudillos egocéntricos, los políticos hipócritas, del deterioro causado a propósito en manos de una clase política que no se renueva ni se reinventa. Son los mismos de siempre con otros colores y formas haciéndolo cada día peor.

México sufre, desesperado por un cambio profundo en la dirección correcta, que no llegó ni llegará en esta administración. Deseoso de una transformación real y no simulada como la de ahora, llena de dichos populares y lugares comunes plagados de resentimiento, de frases prefabricadas cargadas de demagogia y mentiras repetidas mil veces queriendo sonar a verdad.

Tenemos un presidente obsesionado consigo mismo, con seguir acumulando todo el poder, deseoso de controlar hasta el último centavo de la administración para comprar lealtades y manipular a millones de pobres. Sólo así aspira a mantenerse en el poder.

Para lograrlo, impone y domina la agenda. Desvía la conversación y la atención siempre hacia donde le conviene a él, no a México. Crea cortinas de humo que distraen, que confunden, que enredan, que abruman. Abraza a sus paleros y humilla a sus críticos.

Gobierna con ocurrencias, impone toda clase de caprichos, proyectos, obras y políticas absurdas sin escuchar a nadie, sin importarle el costo ni el impacto; menosprecia a académicos, analistas, expertos nacionales y extranjeros. Nadie sabe más que él, nadie tiene la razón más que él. Y en esa soberbia desmedida, cada día nos hunde un poco más.

No importan los estudios de impacto ambiental en un país que se asfixia entre contaminación e incendios; no importan los argumentos de ningún tipo, no hay estadística que valga ni evidencia que lo convenza. No se rodea de personas más capaces sino de sumisos que agachan la cabeza para obedecerle ciega e incondicionalmente.

Ante esta realidad sólo tenemos una alternativa: desmentir al presidente con hechos cada día, todos los días. Su monólogo diario donde abundan las mentiras lo tiene bien dominado. Evitemos seguir cayendo en su juego y que esas mentiras echen raíz entre quienes son más vulnerables.

Hagamos pedagogía de manera más creativa y multipliquemos nuestra solidaridad con quienes menos tienen. Si entre mexicanos empezamos a hacer lo que este gobierno no hará, podremos demostrar no sólo que está equivocado sino que hay otro camino mucho mejor que todas sus mentiras.

El presidente tiene razón cuando dice: “México ha podido enfrentar todas las calamidades. Siempre se levanta... Hay malos gobiernos, corrupción y sale adelante”. Esta vez no será la excepción. Empecemos por desmentirlo haciendo cada uno la parte que nos toca, sin descanso. De eso dependerán nuestra supervivencia y la viabilidad de este gran país.

Twitter:  @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.