Hemos hablado del resultado socioeconómico de la globalización como uno de los motores del movimiento de la derecha de los últimos años en los países desarrollados alrededor del mundo. Nuestra conclusión entonces fue que, aunque el comercio global ha generado inmenso valor, los beneficios se han acumulado en las manos más ricas y las desventajas, justa o injustamente, han sido absorbidas enteramente por algunos segmentos de la clase obrera.

Donald Trump ha enfocado la conversación política económica mundial en el comercio internacional con amenazas de crear tarifas de importación, específicamente sobre el acero y el aluminio que importa los Estados Unidos. Trump está lejos de ser el único xenófobo elegido para dirigir una nación en los últimos años, pero es el representante icónico del conservadurismo contemporáneo. Los líderes conservadores del momento han tomado el estandarte del nacionalismo y el proteccionismo, rechazando la migración y el comercio internacional.

Como referencia a nuestra discusión recordemos el Brexit, la decisión del electorado británico de dejar la Unión Europea. Cuando se liberaban los resultados de aquel referéndum el 23 de junio del 2016, lejos de un grito de triunfo, los británicos se quedaron preguntándose ¿qué hemos hecho? Ojo, no en señal de arrepentimiento, en sincera ignorancia. Aún no se sabe el impacto que tendrá Brexit. Ése es el meollo del asunto, el comercio internacional es un tema sumamente complejo. Si cada transacción mundial genera una bola de estambre, me atrevo a decir que ningún experto individualmente conoce todas las consecuencias de jalar un hilo.

La amenaza de Trump que captó la atención del mundo fue de carácter senil de su parte. El mayor exportador de aluminio a Estados Unidos es Canadá, en donde la energía eléctrica es mucho más barata. Verán, el mayor insumo al producir aluminio es una cantidad masiva de electricidad y simplemente es más barato para los estadounidenses comprarle aluminio a los canadienses que producirlo ellos mismos. Aparentemente, Donald Trump no sabía eso cuando decidió tuitear la amenaza de imponer un arancel sobre el producto sin consultar a sus consejeros económicos.

La situación con el acero es similar, Estados Unidos no puede competir en costos de producción, ni necesita hacerlo. Los conservadores del momento presentan a la balanza comercial como un marcador de golf, en el que correr un déficit es perder y generar una plusvalía es ganar; pero así no funciona la balanza comercial. Primordialmente, la balanza comercial sólo mide bienes y productos y no servicios, y los países en los que ha florecido esta corriente conservadora se han transformado de productores de bienes primarios a transformadores y aún más a prestadores de servicios.

Quizás México le vende más productos a Estados Unidos de los que le compra, pero Estados Unidos le cobra muchos más servicios que tienen un valor agregado más alto.

Trump promete que sus aranceles sobre el acero, del cual México es su tercer o cuarto mayor productor, generarán 300 empleos de 60,000 dólares al año. Pero también perderán 3,000 empleos de 120,000 dólares al año por los servicios que dejarán de prestarle a Canadá, Brasil, Corea del Sur y México.

Esto ni siquiera empieza a cubrir lo complejo de tratar de manipular la balanza comercial de un país. Mientras que podemos saber en dónde se fabricaron los productos que cruzan las fronteras, no así quién los fabricó. Sobresimplificando, si Ford fabrica un carro en México y lo vende en Estados Unidos, la mayor parte del margen de ese producto acaba en Estados Unidos, aunque la balanza comercial lo registre como un cargo negativo.

Más a detalle, muchas compañías con accionistas multinacionales están involucradas en la fabricación de bienes, y a sus ganancias no les interesa en dónde se arman los productos y cuál es la última frontera que cruzan para llegar al consumidor final.

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.