Es posible que el incremento súbito de las tasas de interés ante el alza de la inflación, afecte desproporcionadamente a los sectores más pobres de la población.

La narrativa ortodoxa de la política monetaria señala que esta debe restringirse a garantizar la estabilidad de precios, sin ocuparse por los efectos colaterales ocasionados en otros indicadores de bienestar de la población. La sucesión de crisis financieras, ambientales, demográficas y democráticas observadas recientemente obligan a revisar dicha narrativa. 

En un ejercicio de autocrítica, el Bundesbank planteaba, en el 2016, que los administradores de política monetaria deberían analizar con mayor detalle los efectos redistributivos de sus medidas tanto en el corto como en el largo plazo. Dicha observación, de indudable sentido común, no ha tenido eco sino hasta fechas recientes, en las que el debate sobre la creciente y riesgosa desigualdad ha crecido en importancia. 

En el citado ejercicio, las medidas de política monetaria, reducción de las tasas de referencia y la compra más amplia de activos, tuvieron efectos moderados en la reducción de la desigualdad de ingresos. Sin embargo, respecto al efecto en la desigualdad de la riqueza, los efectos observados no fueron tan claros. La explosión de alternativas para desplazar la riqueza a zonas libres de gravamen, o paraísos fiscales, disponibles para los sectores con mayor peso económico, obstaculizan dicha medición. Si bien, como Gabriel Zucman y Emmanuel Saez han defendido recientemente, se ha observado un claro incremento de la desigualdad de la riqueza proveniente de fuentes distintas del ingreso laboral.

El Banco Central Europeo se planteó cuestiones similares al Bundesbank y reconoció que un análisis más serio requiere que los tomadores de decisiones en política monetaria reconozcan que no existe un agente económico representativo ideal, sino una comunidad de agentes con diferentes preferencias, con dotaciones desiguales de recursos económicos y políticos y, por ello, con una reacción diferente a las medidas del Banco Central. 

Dentro de las enseñanzas del ejercicio, se aceptó que uno de los canales de transmisión de la política monetaria es el ingreso salarial de las familias. El análisis permite suponer que la relajación de la política monetaria tendría un efecto positivo para atenuar la desigualdad, al permitir la disminución del desempleo, y con ello, el aumento del ingreso laboral cuya variación es mayor y más desfavorable en los sectores de más bajos de ingreso. Es el segmento más desfavorecido, medido por menor ingreso laboral y riqueza, quien se beneficia más, al mostrar la mayor reducción de la tasa de desempleo por una relajación monetaria. De acuerdo a los resultados presentados por la institución europea, la tasa de desempleo cayó más de 2 puntos porcentuales en los dos deciles más bajos de ingreso, mientras que en los deciles restantes la reducción del desempleo fue menor, de tan solo 0.5 puntos porcentuales. 

Es posible que el incremento súbito de las tasas de interés ante el alza de la inflación, afecte desproporcionadamente a los sectores más pobres de la población, cuyo nivel de vida depende mayor o únicamente de estar empleado. 

Adicionalmente, las diferencias sociales juegan un papel importante en la transmisión a la economía de las medidas de política monetaria. Los sectores más desfavorecidos tienen más dificultades para acceder a créditos en la etapa baja del ciclo económico a tasas razonables, y poseen una capacidad reducida de ahorro; por estas razones sufren desproporcionadamente en caso de un paro económico, y permanecen más tiempo en condiciones precarias, en comparación con otros grupos de mayor ingreso o riqueza.

Si bien la asistencia dirigida del gobierno de México, a través de los programas sociales, pagos en efectivo a familias y el acceso fácil a fuentes de financiamiento, funciona como un estabilizador automático del ingreso entre los grupos mas desfavorecidos, es importante que el Banco de México considere políticas macroeconómicas no convencionales con el objetivo de reducir las fuentes estructurales de la enorme desigualdad, como el desempleo y el alto endeudamiento en los sectores de más bajo ingreso.

Twitter: @LuciaBuenrostr0

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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