Cuando escuchamos algunas de las discusiones sobre los fenómenos económicos y políticos que afectan el país, nos percatamos que quienes más gritan parecería que tienen las memorias más cortas y los argumentos más débiles.

Carecen de la mínima comprensión de los fenómenos políticos y económicos de las últimas décadas en el país y de cualquier sentido autocrítico acerca de las posturas que se pretende defender.

Quienes defienden a ultranza las posiciones o visiones del actual régimen, frecuentemente parten de una sobre simplificación que no reconoce la naturaleza, evolución y origen de muchos de los problemas que por décadas ha enfrentado el país.

Una frecuente simplificación es atribuir todos los males a una supuesta política neoliberal que inició a finales de los años 80, como si ésta fuera la creadora perversa de todos los males; se parte de la premisa de que antes existía un país con una política económica exitosa que favorecía el crecimiento y la reducción de la desigualdad. Ello evidentemente es falso. 

En México como en muchas partes del mundo, estados irresponsables fiscalmente provocaron entre los 70 y los 80 procesos inflacionarios que destruyeron la capacidad adquisitiva y afectaron más a los que menos tenían. Estados intervencionistas auspiciaron una profunda corrupción y una distribución inadecuada y dispendio de los recursos públicos, como ocurrió en México con la bonanza petrolera.

La crítica hacia muchas instituciones hoy existentes pareciera derivarse de pensar que todo lo pasado está manchado con un pecado original neoliberal y que, consecuentemente, no sirve a los intereses de la mayoría; siendo que muchas de esas instituciones fueron creadas por encima de los intereses de corto plazo de las estructuras políticas imperantes, que hubiesen preferido mantener la operación opaca de la política pública.

En el otro extremo, quienes critican a ultranza al actual régimen, pero sobre todo a quienes lo apoyan, parecería que en el fondo creen que hasta hace tres años el país tenía una política económica mayoritariamente favorable y lo político favorecedora de los intereses de la mayoría de la población. Ello evidentemente es falso. 

Si algo explica el apoyo mayoritario, tanto en procesos electorales como en la percepción pública actual, al actual régimen, es tanto el aborrecimiento de las cínicas prácticas de corrupción de las últimas décadas (particularmente de la última administración), como el hecho de que, en lo económico, las últimas décadas en nuestro país fueron de un crecimientos raquítico qué fue insuficiente (e inconsistente en función de la capacidad y posición de la economía mexicana), y precaria para cubrir la necesidad de creación de empleos (bien remunerados y formales) y de bienestar para la mayoría de la población.

En esencia, parecen olvidar que, para un amplísimo porcentaje de la población de nuestro país, las décadas de expansión económica, no generaron en el margen cambios significativos en el bienestar de amplios sectores de la población. En esas décadas no abatieron significativamente la enorme desigualdad económica del país.

Estas simplificaciones no parten de diagnósticos acertados y alimentan una polarización que siempre pretende que el adversario tiene los argumentos más débiles. Los estridentes de todos lados, quieren ver a los otros como sectas o grupos con intereses egoístas; perdiendo de vista la necesidad de reconstruir estructuras económicas y sociales y de crear condiciones para un crecimiento económico mejor distribuido y más sustentable en el largo plazo.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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