Que aumente la tolerancia, la solidaridad, y la compasión entre los seres humanos.

Suele considerarse la Navidad como la época propicia para enunciar (y desear) lo mejor a propios y extraños. Los niños, por lo menos algunos, hacen cartas a Santa Claus (y otros al niño Dios aunque esa idea nunca me pareció muy convincente). Los adultos se desean parabienes y alguno que otro, obnubilado por la nostalgia que dejan las noches largas y los brindis, mira al cielo estrellado y se permite soñar un poco.

Que la magia de la Navidad brille en los corazones del colegio electoral estadounidense...ups... En vista de que la esperanza de que tan tradicional institución se viera rebasada por un arrebato de sensatez se quedó en eso, y que resulta imposible conjugar la imagen de Trump con los buenos deseos de la temporada; dejémoslo en que la economía mexicana no se vea muy afectada después del 20 de enero, y que el espíritu de la Navidad bendiga el corazón de los mexicanos con fortaleza y paciencia.

Que nuestro gobierno deje de discutir de qué color (muy mexicano) pintará el muro de nuestro lado una vez que no lo paguemos.

Que la cuenta de Twitter del flamante presidente siga alegrando, por las noches, los corazones libertarios del planeta.

Que las marchas y protestas del 2017 sean amables con los automovilistas y los negocios que tuvieron la mala fortuna de descubrirse en medio del ejercicio de su libertad de expresión. Que sus causas sean nobles y en favor de los derechos humanos de todos, incluidos los que piensan, sienten y aman diferente . Que las marchas y protestas no sean para reivindicar prejuicios.

Que los precandidatos se moderen y recuerden que la vida entera de una sociedad no es una campaña política para relevar el control del poder.

Que lo que ha sucedido en Siria, en Alepo, termine de una vez por todas y no se vuelva a repetir una tragedia semejante mientras el mundo civilizado tiembla pensando que al mirar al otro lado y cerrar la puerta con suficientes chapas alejará el horror de sus corazones.

Que el Brexit sea suave para los británicos que ya no querían ver extranjeros en sus calles y más suave para los que sí entendían sus implicaciones.

Que la Unión Europea sobreviva las ansias neonacionalistas de sus endebles democracias, y los prejuicios y temores de sus electores.

Que las noticias falsas sean menos creíbles y el público que las abraza menos susceptible a sus propias fantasías.

Que los usuarios de las redes sociales las valoren como el increíble vínculo planetario que se han vuelto y dejen de utilizarlas como vertedero para desahogar sus frustraciones cotidianas y sucedáneo para aliviar su falta de interés en la terapia profesional.

Que Twitter sobreviva la inviabilidad de su modelo económico.

Que las sociedades mundiales sobrevivan la inviabilidad de sus modelos económicos.

Que alguien consiga inventar algo más estable y sensato que la democracia.

Que la parca se tome unas vacaciones y deje de visitar a los creadores y artistas de un planeta que los necesita más que nunca.

Menos memes y más empatía.

Que aprendamos a perder el tiempo con conciencia de hacerlo en las cosas que realmente importan en la vida, y no se nos vaya en un suspiro vertiginoso de agendas y calendarios.

Que Vargas Llosa, Oz, Mendoza, Grafton, Munro, Roth, King, Barnes, McEwan, Palou, Haghenbeck, Muñoz Molina, Wolfson, Mitchell, Halfon, Amis, Ishiguro, Cercas, Kohan, Llaca, Montero, Morábito, Chabon, Olguin, Malpica, Bauer, Penny, Echenoz, Puértolas, Chimal, Bagaciolupi, Sacheri, Atkinson, Eldrich, Boyd, Stamm, Eggers, Pelecanos, Fresán, Iwasaki, Nothomb, Le Carré, Paasilinna, Villalobos, Caparrós, Lethem, Rankin, Zambra, Veronessi, Magris, Walton, Mina, Luiselli, O’Malley, Marías, Simmons, Sánchez, García Mainou y tantos y tantas que se me escapan ahora, publiquen un libro y sea su obra maestra.

Que las veleidosas cadenas televisivas renueven The americans, Bosch, Timeless, Outcast, Mr. Robot y Conviction.

Que los creadores sigan encontrando el camino en los canales tradicionales o en las innumerables opciones del mundo conectado para seguir construyendo esta edad de oro de la televisión mundial.

Que se siga haciendo cine valeroso, creativo, trascendente e inspirador.

Que ese cine pueda verse en todo tipo de salas y pantallas, que sus creadores sigan encontrando inspiración e inversionistas incautos para sus sueños de celuloide.

Que al mirar al otro recordemos que en él siempre hay un espejo de lo que nos gusta y disgusta de nosotros mismos.

Que haya salud para tus seres queridos y que si no se puede, que el aprendizaje sea profundo, el dolor tolerable y el trance leve.

Más que desear la paz, el amor, y la alegría, como se suele en estos tiempos, que aumente la tolerancia, la solidaridad, y la compasión entre los seres humanos.