En teoría, la Reserva Federal (Fed) inundaría la economía estadounidense con dólares para que sirvieran para su reactivación. Por eso la combinación de tasas de interés tan bajas por tanto tiempo y la compra de 600,000 millones de bonos del Tesoro.

Pero, ahora que termina el programa de compra de esos papeles y que el más castigado es el precio del dólar, aparece una evidencia más de que la política ha funcionado bien para inundar otros mercados financieros antes que para incentivar la actividad económica.

Es evidente que hoy esos dólares han alimentado la especulación y no han reactivado el crédito interno. Los datos de la industria de la construcción son muy evidentes al respecto. No hay más créditos, no hay más casas vendidas.

Lo que sí hay es un desgaste financiero importante para Estados Unidos a la par de un deterioro en un indicador que debería ser el punto de partida para la toma de decisiones: el desempleo.

El viernes pasado los mercados se sorprendieron del incremento en la tasa de desempleo de la economía estadounidense de hasta 9.1 por ciento.

El sector privado solamente pudo crear durante mayo pasado 83,000 puestos de trabajo, mientras que el total de despidos -principalmente de la burocracia- superó los 28,000 o sea que a la economía no se agregaron más de 54,000 empleos durante el mes pasado.

Un mes antes Estados Unidos había agregado a su economía 232,000 nuevos empleos. Lo que evidentemente marca un duro golpe en muchos frentes, además del económico el social y el político.

Para un republicano, poder acercarse a la discusión presupuestal con los demócratas restregándoles el fracaso que implica que tantos millones de estadounidenses sean incapaces de conseguir un empleo es música en sus oídos.

Es justo aquí donde se cruzan las historias entre una urgente negociación del techo de endeudamiento y los recortes al presupuesto que tanto preocupan a la administración de Barack Obama y la oportunidad republicana de montarse en el desempleo para reforzar sus intensiones de regresar a la Casa Blanca.

Así como Clinton ganó las elecciones con aquello de: Es la economía, estúpido , ahora los republicanos se lo pueden regresar diciéndole: Dentro de la economía, son los empleos, estúpido.

No acababa el Departamento del Trabajo de dar a conocer los datos de la desocupación de mayo, cuando los opositores al gobierno demócrata ya señalaban el terrible fracaso de la política económica.

Hoy faltan 17 meses para las elecciones presidenciales en ese país y conforme se acerque la fecha más severos serán los cuestionamientos.

Pero el punto es uno y es básico. A la economía de Estados Unidos se le acaban las herramientas y los recursos para intentar reactivarla. La corrección fiscal es inminente y eso implica gastar menos y meter la mano en el bolsillo de los contribuyentes de forma más agresiva a través de los impuestos.

Hoy se pone en duda que la Fed pueda empezar pronto un incremento en las tasas de interés y hasta se especula que una tercera parte de su expansión cualitativa es precisamente por los malos resultados económicos que apuntan a una baja todavía de profundidades desconocidas.

Es un hecho que hay un fracaso en la política económica de Obama, la apuesta de inyectar dinero a los mercados ha servido para alimentar la especulación financiera, no para reactivar la economía.

La primera piedra

A propósito de la reciente discusión en México sobre si somos un país de clase media o si somos un país pobre. En Perú ayer en las urnas se dio una discusión similar.

Es un hecho que ese país sudamericano ha entrado en un círculo virtuoso de recuperación económica que lo ha llevado a disminuir drásticamente los niveles de pobreza. Y justo ha mejorado su nivel hacia una nación de renta media.

Lo que ayer se jugaron los peruanos en las urnas era su percepción de sentirse un país en esa vía de la recuperación, un país que ha elevado su condición hacia la clase media. O bien insistir, en percibirse como una nación pobre, que no debería pensar en los grandes vuelos, sino en cómo tener políticas asistencialistas, populistas hacia los pobres.

No con muy buenos candidatos, pero Perú enfrentó ayer en las urnas las dos visiones: saberse un país con posibilidades y en proceso de recuperación o aferrarse a sentirse pobres y dar paso a los peores administradores de la conveniente miseria.