En las encuestas, en las calles y en las redes sociales se percibe un creciente descontento...

En las últimas semanas el presidente López Obrador ha enfrentado una marcada descomposición de su proyecto político. Basta recordar, principalmente, el desenlace del Trife a dos candidaturas morenistas para gobernador; los señalamientos del INE de que no debe interferir en el proceso electoral; su necedad de imponer la extensión de dos años más del periodo del ministro Saldívar; crecientes problemas en Pemex; dificultades con Dos Bocas; un incremento en la inflación anual a 6.1%; su pobre participación en la cumbre climática; los reclamos de organizaciones de Estados Unidos a múltiples violaciones del T-MEC; el lamentable desplome en la Línea 12 del Metro y su reacción sin empatía hacia las muertes ocurridas; la caída en las encuestas de ocho de los 15 candidatos morenistas a gobernador y lentitud en la aplicación de la vacunación contra el Covid-19. Más lo que se siga acumulando. Y todo esto a un mes de la elección intermedia.

López Obrador, en vez de tratar de corregir con determinación e inteligencia todos estos frentes abiertos, optó por lo que es su costumbre: atacar, insultar, dividir, denostar, descalificar. Con furia amenazó con terminar con los organismos autónomos, y mandó una absurda nota diplomática a Estados Unidos sobre el apoyo a la organización Mexicanos Unidos Contra la Corrupción e Impunidad, a quienes acusó de traición a la Patria. Se le ha visto malhumorado y tenso, mandando “al carajo a los conservadores”. Sabe que sus planes se han desdibujado. El proyecto transformador lopezobradorista frustradamente patalea en una pantanosa cloaca.

En las encuestas, en las calles y en las redes sociales se percibe un creciente descontento. La próxima elección intermedia debe verse como un referéndum implícito sobre el manejo del gobierno. Ojo, sobre las acciones y no sobre la aceptación de la persona presidencial que sigue siendo elevada. La elección es el medio para canalizar nuestro descontento.

En otros países, las tensiones sociales llevan a una violenta explosión con una respuesta represora por parte del estado. Véase a Colombia, donde bastó la ignición de una iniciativa de reforma fiscal con aumentos de impuestos, para desatar una violencia generalizada que ha cobrado ya decenas de fallecidos, la imposición del toque de queda en Cali y una deslegitimación del presidente Duque que hace tambalear a su gobierno. El tema es mucho más complejo que una propuesta de reforma fiscal. Duque pensó que con retirar la iniciativa del Congreso y la renuncia del Ministro de Hacienda se apaciguarían las manifestaciones. Pero no es cuestión de una reforma fiscal, es más profundo: una crisis social en un país que se ha debatido entre la guerrilla y el narcotráfico, y que tiene acumulados agravios de desigualdad social y económica desde décadas y que el gobierno ha pretendido esconder.

En México, con la 4T muchos de esos elementos de crisis social se están profundizando; confiemos en el canal democrático de una elección limpia y reconocida el 6 de junio para enfrentarlos por esa vía. Nadie desea la alternativa de reacciones violentas fuera de control como en Colombia.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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