El segundo día de este 2013, escribí y publiqué en las páginas de la sección Arte, ideas y gente un recuento de algunos cuentarios publicados a finales de 2013.

Tal vez a los lectores del periódico los engañé, aunque no era esa mi intención, y creyeron que para escribir tan ambiciosa pieza leí todos los libros que puse en el recuento. A ustedes, lectores de mi blog, les puedo decir la verdad: No los leí todos o más bien debería decir: No los leí completos, pero de todos y cada uno leí al menos un par de cuentos e hice mis breves comentarios a partir de eso y del conocimiento previo que tenía de cada autor.

De La herida en el cielo, del que por su brevedad alcancé a leer cuatro cuentos, escribí: Desenfadada, Rowena Bali nos habla como, pareciera, nadie más lo ha hecho; con expresiones, tramas y propuestas que salen de lo normal, que lindan con el absurdo y la fantasía pero que más bien parecen fotografías de nuestra realidad cotidiana sólo que tomadas desde un ángulo absolutamente insospechado .

Pongo aquí, como ejemplo, el principio de El aliento :

Estás empezando a desesperarme. Hace más de dos horas que estoy derramándome sobre ti sin recibir respuesta, nada pasa, nada. Solo esta espera inmóvil fuera de mi turbulencia. Te arriesgas a que mis ojos de lupa terminen incendiándote. Quiero ver alguna señal de que este no es un acto solitario, algún rumor saliendo de ti, pero solo veo absurdos y surgen de mí.

Aquí en la antesala soy lo que quieres que sea; un paciente que espera tu voz mientras escribe.

Al fin la recepcionista habla, es su turno señor .

Te cierro de golpe, más tarde nos veremos, te sacaré una respuesta.

A muchos autores les hubiera bastado con eso. Ya tienen un cuento. Para Rowena es apenas el principio.

Pocos días después, tras seguir leyendo el libro, escribí en mi página de Facebook que si hubiera leído antes La herida en el cielo todos mis regalos de Navidad habrían sido ejemplares de ese título.

Algunos días más transcurrieron y acordé una entrevista con Rowena. Ya la conocía, poco, pero la conocía. Sabía de las magníficas fotos que toma y sube a Facebook, también sabía que es editora de la revista Cultura urbana y que había escrito un libro, que no aún no he leído, llamado El agente morboso.

No sabía que es locurtora ni que conduce un programa de radio literario, Arcadia, y otro filosófico, Zigma. Ideas para mañana.

Tampoco sabía que había sido modelo, aunque no me extrañó saberlo (vaya que es guapa).

Emocionado, entrevisté a la autora, hará unas tres o cuatro semanas. No he podido sentarme a transcribir la entrevista y me siento muy mal por ello. El pasado viernes 8 de febrero, Rowena presentó La herida en el cielo y me hubiera encantado que mi entrevista saliera ese día

O tal vez no. Miro mis notas de la entrevista (ya me da pena oírla) y me doy cuenta de que le hice un montón de alabanzas antes de cada pregunta tonta relacionada con sus cuentos. De pronto dudo de mi capacidad como entrevistador para transmitir el gozo de leer La herida en el cielo.

Porque a quién, si no ha leído a Rowena, le importa su afición por Dylan Thomas y su deseo de escribir prosa poética en lugar de cuento; o su descubrimiento, al leer a Boris Vian, de que la literatura permite plasmar cualquier cosa imaginable.

A quién, que no se haya sorprendido con el principio de sus cuentos y más con sus finales, le importa saber que la colección reunida, en las apenas 70 páginas de La herida en el cielo, no tenía un proyecto y han sido escritos en diferentes etapas a lo largo de su vida.

Supongo que a nadie Pero ¿quién que me haya leído hasta aquí no quiere leerla?

Espero que muchos porque sus lectores corren el peligro de que les suceda algo como lo que le pasa al narrador en el principio de El aliento o, peor, como lo que le pasa al final.

La foto de Rowena es de Fernando Villa del Ángel.