Llama la atención que, en las últimas semanas, los discursos por parte del presidente de México, se estén enfocando en la inclusión de todos los países en la Novena Cumbre de las Américas -Cuba, Nicaragua, Venezuela-, que se celebrará en los Ángeles, California del 6 al 10 de junio, donde uno de los temas relevantes indiscutiblemente será el de migración. Al respecto, el gobierno americano, aún no da una respuesta, y la posibilidad de que estos países sean incluidos, es remota.

Por otra parte, esta misma semana, en nuestro país pasan cosas, que no necesariamente son relevantes para el discurso presidencial. Hace unos días, alcanzamos una cifra desastrosa de 100,000 desaparecidos en el país, aunque el colectivo “Jóvenes buscadores” en Sonora, estima que desde el 2006 al 2022, la cifra pudiera alcanzar cerca de los 300,000 desaparecidos. Sí, el conteo parte de 1964, pero los años de desaparición crónica, se registran a partir del 2006 y hasta la fecha. Por otra parte, desde hace algunas semanas, se organiza una marcha de madres centroamericanas que vienen a México en busca de sus hijos, hijas, y familiares migrantes desaparecidos en nuestro país. 

Este grupo de mujeres migrantes, recorrerán los estados de Veracruz, Chiapas, Tabasco y Ciudad de México para pedir resultados sobre las investigaciones de las desapariciones de sus seres queridos. Esta caravana, que oficialmente porta el nombre de la” XVI Marcha de Madres Centroamericanas”, hasta el momento conformada con aproximadamente 50 personas, ya ha logrado, en otras 15 caravanas organizadas previamente, la localización de aproximadamente 370 personas en el país. Así de increíble y cruel es la realidad de la desaparición de personas en nuestro país.

La realidad es que en México se vive una crisis histórica en temas de desaparición de personas que no se ha podido atender.  Esto es evidente a partir de los pocos resultados y resolución de los casos por parte de las fiscalías que deja mucho que desear -la ONU reveló que, del total de los casos registrados, tan solo 35 han logrado llevar a la captura de los autores-. Por otra parte, los mecanismos, protocolos de búsqueda, acompañamiento institucional a los familiares que han tenido que dejar sus propias familias, sus trabajos, sus casas para volverse buscadores o buscadoras, evidencia la falta de un compromiso serio por parte de las instituciones del estado para asumir un verdadero liderazgo y responsabilidad en esta tragedia.

Si analizamos estas caravanas de madres centroamericanas que por dieciseisava vez vuelven a nuestro territorio pidiendo cuentas sobre sus familiares, algo pasa de nuestro lado, que no puede pasar de largo. El tema migratorio esta en todas partes. Esta en los discursos a nivel federal, internacional, global, pero, de hecho, pareciera ser que las aproximaciones a este fenómeno, siguen estando distanciadas de la realidad que se vive, y que implica que muchas vidas en tránsito sean tratadas como cosas, y no solo eso, que la desaparición de esas vidas, a su vez, refuerce una realidad tan cruel y dolorosa, donde cualquier persona en una situación vulnerable, pueda desaparecer. Las madres centroamericanas son un constante recordatorio de lo que nos pasa, y no solo ellas. Cientos de colectivos de buscadores y buscadores en nuestro país nos lo recuerdan todos los días. Si bien es cierto que en el país existe una Ley General sobre Desapariciones, la creación de colectivos y comités de búsqueda a nivel estatal y la creación de un Centro Nacional de Identificación Humana, la deuda aún es muy grande, porque no son los desaparecidos, son nuestros desaparecidos.