La economía de Estados Unidos está, literalmente, desacelerando.

Claro, además de las evidencias que hablan de una actividad económica más moderada en este segundo trimestre del año, hay una baja en el consumo de combustibles ante los elevados precios.

O sea que los automovilistas están quitando el pie de sus aceleradores ante los 4 dólares por galón que tienen que pagar por las gasolinas.

Lo peor de todo para Estados Unidos es que, aunque este país mantiene el pie en el acelerador y el freno de la economía, realmente ya no controla del todo el volante del pesado camión energético.

Ese país, a través de su gobierno y sus consumidores, solía tener el poder de influir en el mercado petrolero para propiciar una baja. Desde un descenso en el consumo hasta las opciones militares. Hoy eso no funciona.

La situación de guerra civil que prevalece en África del Norte y las tensiones en el Medio Oriente han influido en los precios del petróleo. Pero quizá no tanto.

Desde el año pasado, antes de que se dieran los primeros brotes de violencia en esa región del mundo, en diciembre pasado, JP Morgan calculaba el precio del petróleo para este año en 120 dólares por barril. Claro que la violencia en el mundo árabe precipitó las cosas.

Analistas de Goldman Sachs calculan que el efecto de la violencia en los países petroleros y cercanos añade 10 dólares al precio del barril de crudo, no más.

Hoy los que mandan en los precios del petróleo y cualquier cantidad de productos básicos son los chinos, acompañados de otro puñado de países que, con la camiseta de emergentes, recomponen la historia de la oferta y la demanda.

Aun si Libia encontrara hoy mismo de forma repentina la paz, no sucedería nada en el mercado petrolero, sobre todo cuando China se engulle hoy 874,000 barriles de petróleo más que hace un año.

La dependencia estadounidense al petróleo podría llevar a esa economía a una baja en la actividad económica, incluso a niveles recesivos. Sobra decir cuál sería la consecuencia para la economía mexicana.

Por ahora estamos muy contentos con nuestro 5% de crecimiento económico durante el primer trimestre del año. Es un muy buen dato que, además, parte de una comparación positiva con el primer trimestre del 2010.

Lo que está claro, con el pronóstico de 4.3% de crecimiento del PIB para el resto del año que mantiene Hacienda, es que la economía tendrá que desacelerar su crecimiento.

Pero el petróleo puede agravar esa expectativa de un crecimiento menor. Una caída en la actividad económica estadouni­dense implicará de inmediato un efecto negativo en nuestro sector exportador, con eso en toda la economía.

Pero además las posibilidades de que México inicie pronto la importación de petróleo complica más el panorama.

Parece tan increíble que México se convierta en importador de petróleo que ni Google lo cree. En una búsqueda sencilla de México importar petróleo el buscador sugiere que es probable que hayas querido decir México exportar petróleo .

Pero no, las advertencias de que este país estará pronto en la necesidad de traer del exterior hidrocarburos se multiplican.

Y entonces sí, con China consumiendo esas enormes cantidades de energéticos y otras materias primas, habrá que ver cómo le va a este país fracasado en materia fiscal para pagar las cuentas del combustible.

La primera piedra

El Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Renaut) es como el coloso aquel que utilizaron para las fiestas del Bicentenario. Se habló mucho de él durante los días previos, a la mera hora lució fugazmente y ahora vive abandonado.

La diferencia es que la figura de 20 metros es hoy un monumento al desperdicio y, aunque el Renaut también, este registro contiene datos confidenciales de millones de personas que no pueden simplemente tirarse por ahí.

Era de esperarse que fracasaran con este registro, porque estaba mal planteado desde el principio. A pesar de que los expertos les dijeron a los tomadores de decisiones que era inoperante, insistieron.

Hoy existe una base de datos en donde la mayoría de los registros son verdaderos y son información delicada que puede comprometer la seguridad de los usuarios. Así que urge saber cuál será el destino final de los datos de este enésimo fracaso del Congreso en el combate a la inseguridad.