A finales del año pasado, la economía americana sorprendió a varios al dar señales de una mayor capacidad de recuperación a la esperada, llevando a varios especialistas a elevar su expectativa de crecimiento para el 2012. El repunte continuó durante buena parte del primer trimestre del año, impulsado por un saludable comportamiento del consumo, que a su vez parecía ser impulsado por una suave pero consistente recuperación del mercado laboral.

La creación de empleo durante el semestre compuesto por los últimos tres meses del año pasado y los primeros tres meses del 2012 fue la más robusta desde el principio de la crisis del 2008, contribuyendo a que la tasa de desempleo alcanzara un mínimo poscrisis de 8.6 por ciento. Desafortunadamente, durante el segundo trimestre del 2012 se comenzó a gestar un cambio de tendencia con una serie de sorpresas negativas en la mayoría de los indicadores económicos: actividad manufacturera y no manufacturera, creación de empleo, confianza del consumidor.

Las malas noticias se han extendido durante los primeros 10 días del recién comenzado segundo semestre, ya que las cifras que se han publicado han continuado con esta tendencia de debilidad. La creación de empleo se ha venido desacelerando considerablemente, llevando la tasa de desempleo a 8.7% y revirtiendo la notable mejora que se había observado en la confianza del consumidor.

Adicionalmente, el sector corporativo también está experimentando una desaceleración en el crecimiento de sus utilidades, lo que está provocando una disminución en el ritmo de desplazamiento de la inversión corporativa.

La situación actual parece una re-edición de lo ocurrido en el 2011, cuando después de un primer trimestre bastante alentador, la Primavera Árabe, el desastre nuclear de Fukushima y la incertidumbre sembrada por el circo político para aprobar el alza en el techo de endeudamiento en EU provocaron una fuerte desaceleración durante el verano que estuvo a punto de convertirse en una nueva recesión. Tan es así que el Economic Cycle Research Institute (ECRI) salió a afirmar que una nueva recesión en EU era prácticamente inevitable. El ECRI es un instituto de análisis independiente que se dedica a tratar de predecir el ciclo de actividad económica en EU desde 1950 con base en una serie de indicadores adelantados semanales. Hasta el año pasado, el ECRI no había hecho un solo pronóstico en falso de recesión.

Aunque hay varias similitudes con el 2011, también hay diferencias muy importantes que llevan a la mayoría de los expertos a concluir que la situación actual representa una desaceleración temporal y no el inicio de una nueva recesión.

Es claro que el riesgo de una nueva recesión se ha incrementado en los últimos meses y que existen una serie de incógnitas desde el punto de vista de política fiscal en EU –ya ni hablar de los posibles desenlaces de la situación en Europa– que pueden provocar que la desaceleración actual se convierta en una recesión. Sin embargo, también existen algunos factores mitigantes importantes.

Por un lado, el precio del petróleo está muy por debajo de su nivel de hace un año, lo cual ha contribuido a una baja importante en el precio de la gasolina en EU, dejando más dinero en los bolsillos del consumidor estadounidense para destinar a la compra de bienes y servicios. Por otro lado, parece que el sector residencial comienza a dar señales más claras de estabilización.

A pesar de estos factores mitigantes, no podemos dejar de enfatizar la gran cantidad de amenazas que hacen que la situación económica en EU sea muy vulnerable. La recuperación económica es cada vez más dependiente de las grandes cantidades de liquidez que los bancos centrales están inyectando a la economía global. Ante la desaparición temporal de la inflación como un problema prioritario, los bancos centrales no han quitado el pie del acelerador en la impresión de billetes y monedas para financiar los grandes desequilibrios fiscales en el mundo desarrollado. Este experimento sin precedentes ha sido un pilar fundamental para la recuperación, pero ha hecho que la economía y los mercados globales sean altamente dependientes de la máquina que imprime el dinero.

Las consecuencias de este experimento de mediano plazo son aún desconocidas y la situación política en Europa y EU amenaza con descarrilar el creciente papel de los bancos centrales. La segunda mitad del 2012 es todavía de pronóstico incierto.

joaquinld@eleconomista.com.mx