En tiempo de comicios, es un placer para republicanos.

La economía de Estados Unidos se desacelera, lo que es un placer secreto para los republicanos y toda una crisis en la casa de campaña de los demócratas.

Los números macroeconómicos confirman lo que los estadounidenses sienten muy bien en su bolsillo. La economía, que estuvo en una profunda recesión desde finales del 2007 y hasta principios del 2010, está de vuelta en el camino de bajada.

Y, en ese camino que desciende, se alcanza a ver a principios del 2013 la puerta de entrada a los terrenos de la recesión. Sobre todo cuando podrían activarse las medidas emergentes de corrección fiscal.

El Producto Interno Bruto de Estados Unidos tuvo un crecimiento durante el segundo trimestre de este año de 1.5%, algo que no sorprendió a nadie porque los mercados ya anticipaban este resultado.

Pero, aun sin ser una sorpresa, muestra que tras el crecimiento de 2% de la economía durante el primer cuarto del año, sí hay un freno. Y todavía peor en la comparación con 4.1% del último trimestre del año pasado.

Los números son para la estadística porque, para los electores estadounidenses, implica tener una menor calidad de vida. El desempleo es de 8% en el papel, pero implica que hasta 20 millones de personas andan en la calles de Estados Unidos buscando trabajo y no lo encuentran.

Y las explicaciones son para los analistas. Para los consumidores, lo que cuenta es no pasarla bien, sobre todo, en un país donde la promesa es estar mejor que las generaciones anteriores.

Para quien pierde la casa, no encuentra trabajo o sufre para llenar los tanques de combustible de sus autos, no sirven las explicaciones del bloqueo republicano en el Congreso a las iniciativas de Obama. Menos funcionan los pretextos que remiten al contagio de la crisis europea en suelo estadounidense.

Cuando la situación es complicada en la economía, es más fácil vender un discurso negativo, de crítica, que uno que explique las cosas. No importa quién tenga la razón, importa quién sepa capitalizar la frustración.

Las encuestas preelectorales en Estados Unidos marcan un empate entre el presidente Barack Obama y el candidato republicano Mitt Romney, en este momento, cuando faltan poco más de tres meses para las elecciones.

Será iniciando el otoño cuando se intensifique la actividad electoral y cuando más se escucharán mensajes destinados a angustiar a los electores.

Una de las explicaciones que hay para la baja en la actividad económica del segundo trimestre en la economía estadounidense es la pérdida de la confianza de los consumidores.

Si la gente no se anima a sacar la cartera para comprar un coche, aunque tenga el poder de compra. O si tienen ganas de cambiar de casa pero quieren esperar tiempos mejores, se crea un círculo vicioso.

La esperanza que tienen el partido demócrata y, de paso, la Casa Blanca, es que la Reserva Federal dé alguna señal más clara de querer hacer algo concreto para la reactivación económica esta semana que inicia.

Con las tasas en cero, con dos estrategias de liquidez previas, poco margen tiene el banco emisor para acelerar la actividad económica. Pero, como no hay ya nadie más en quien confiar, todas las esperanzas están puestas en Ben Bernanke y sus muchachos.

Los que más prenden veladoras para que se note el cambio son los demócratas, que ven cómo la desaceleración puede dejarlos sin chamba en la Casa Blanca.

La primera piedra

Es justo en este momento, en el que los precios de los alimentos están subiendo de forma importante, cuando las autoridades de la Secretaría de Comercio y de su brazo de contacto con el mercado, que es la Procuraduría Federal del Consumidor, deben estar muy atentas.

Lo que más deben cuidar es la colusión de precios; detectar cualquier comunicación interna de las organizaciones, cámaras industriales, agrupaciones, que indique que se deben subir los precios; contrarrestar las declaraciones a los medios de diputados, presidentes de agrupaciones, líderes campesinos o de comerciantes que aprovechan el acceso a los micrófonos para adelantar porcentajes de aumentos en productos básicos.

La especulación puede hacer más daño que una sequía y es ahí donde se tiene que notar que hay autoridad que haga escuchar su voz y que, realmente, aplique la ley para defender a los consumidores.

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