Hoy en día hay una clara e innegable confrontación entre derechos privados y el derecho a la salud, y esta confrontación ha subido de nivel en los últimos años. Es el punto al que la humanidad ha llegado tras un proceso de muchos años donde se han ido dilucidando los derechos de cada individuo.

El derecho que cada persona tiene a la salud es universal y está bien definido en prácticamente todos los países democráticos.

Hoy está claro que es un derecho vital, y se fue conformando a medida que se fueron presentando reclamos por no acceder a cierto tratamiento por falta de recursos.

Entre los abogados y jueces ahora ya está más definido el escenario donde se ve que no sólo se trata de dar un amparo, sino de ir a las causales por las cuales una persona no puede acceder a cierto tratamiento pese a necesitarlo. Se invocan los derechos fundamentales, derecho a la salud, a la vida, y los gobiernos tienen que ver cómo hacer para equilibrar la protección a la propiedad intelectual, pero al mismo tiempo preservar la protección y cuidado de la salud de la ciudadanía.

Esta discusión se tiene muy seguido en los juicios por validez de patentes de medicamentos, y también en las acciones que están ejecutando algunos gobiernos para impedir la promoción del tabaco que está comprobado que genera muchas enfermedades y muy elevados costos para una sociedad.

Xavier Seuba, investigador senior del Centro de Estudios Internacionales sobre Propiedad Intelectual de la Universidad de Estrasburgo, invitado por la Asociación Nacional de Fabricantes de Medicamentos, estuvo hace unos días en México, y tuvimos oportunidad de platicar unos minutos con él. Considera que esta discusión internacional seguirá creciendo y es de esperarse que las compañías sigan buscando argumentos de defensa de sus marcas y su capital intelectual, pero a la larga tendrá que quedar claro que los derechos fundamentales como el derecho a la salud y el derecho a la vida están por encima de los comerciales o de cualquier otro.

Algo que refleja la situación, comenta Seuba, es que hay más de 3,000 tratados de inversión extranjera desde los años 60 y es hasta ahora que están siendo invocados por abogados de las compañías tabacaleras en Australia, Uruguay y otros países que han avanzado en impedir la promoción y publicidad del consumo del tabaco entre su población. Es de lo que se discute en el Centro Internacional de Solución de Diferencias en Materia de Inversión en el Banco Mundial.

Lo más increíble es que las empresas tabacaleras han conseguido que países en desarrollo como República Dominicana u Honduras sean los que estén defendiendo los intereses de la industria. Así como van las cosas y conforme van encontrando resquicios en la ley para defender sus intereses comerciales, llegará el momento en que las tabacaleras se opongan a las imágenes de advertencia en cajetillas porque va contra su uso de marca.

Sin embargo, Seuba, quien también es profesor de Derecho Internacional Público en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, considera que si predomina el derecho a la salud y se ubica claramente como más importante que otros derechos industriales o de marca, a la larga es de preverse que van a ganar las propuestas de cajetilla genérica sin color de marca. Pero la discusión aún está latente.

Los países tienen argumentos contundentes para ganar esos casos a las tabacaleras. Seuba lo vislumbra menos difícil que para las farmacéuticas en materia de patentes de medicamentos, por ejemplo en el tema de linkage (vinculación autoridad sanitaria-autoridad de propiedad industrial).

Definitivamente, las autoridades regulatorias en países emergentes tienen todo el camino por hacer para buscar un equilibrio entre propiedad intelectual y derechos fundamentales como el de la salud.

@maribelrcoronel