El pago de impuestos en México ha sido utilizado como un caramelo que los políticos ponen en la boca de sus electores para administrar su permanencia en el poder.

Y no hay partido político que se salve de usar los ingresos tributarios, las tarifas o los derechos de uso como un instrumento político para sus intereses.

Desde las distorsiones del Impuesto al Valor Agregado (IVA), que absurdamente tiene unas enormes avenidas de evasión, hasta el costo subsidiado del boleto del metro, que se extingue en su insuficiencia de recursos para mantener un buen servicio, la mala manera de cobrar las contribuciones ha generado distorsiones y malas concepciones de los supuestos derechos de los ciudadanos.

La reforma fiscal del 2013 fue equivocada en su enfoque, porque evadió meterse en los grandes temas como el IVA, pero efectiva para compensar la caída en los precios del petróleo y en la plataforma de producción petrolera del país.

Vivimos muchos años del petróleo. Este país desperdició por muchas décadas los recursos de un producto que tardó millones de años en formarse en el subsuelo y el producto de su venta se gastó de manera irresponsable.

Con los ingresos adicionales contemplados en aquel paquetazo fiscal, se compensó la caída de los últimos años de la renta petrolera y se evitó una debacle en las finanzas públicas.

Pero uno de los productos que hoy carga con una parte importante de los ingresos fiscales es la gasolina.

Y como ya vivimos en este país subsidiados por los ingresos petroleros es muy sencillo sentirse ultrajado por el aumento en el precio de estos energéticos.

Son cambios que requieren hasta de una generación para ser comprendidos, pero en este momento no hay tiempo para ello.

Dos de los tres principales candidatos a la presidencia han sumado a sus promesas de campaña regresar al esquema de subsidios a las gasolinas. Una promesa tan popular como irresponsable.

La manera en que conseguirían esto es a través de recortar los impuestos a estos combustibles.

Actualmente, las gasolinas en México pagan una larga lista de impuestos. En números redondos, cada litro de gasolina Magna paga 2 pesos de Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) federal, 0.40 pesos de IEPS estatal, 0.12 pesos de IEPS ecológico y 2.50 pesos de IVA. En total, 30% del costo de cada litro es carga tributaria.

Y eso que hay un subsidio al impuesto federal que se mueve dependiendo del precio internacional, esto para compensar los aumentos que tienen el dólar y los precios del petróleo. El IEPS federal sube y baja como una válvula de compensación política.

Sin embargo, los precios del petróleo están en los niveles más altos desde el 2014 y el precio del dólar frente al peso no deja de subir. Esta combinación presiona los precios de los energéticos y calienta mucho los ánimos.

La lógica del precio de las gasolinas en México no corre en la avenida de la ecología o de la lógica indiscutible de que se rige por precios internacionales. Queremos pagar poco, aunque cueste mucho subsidiar su costo. Porque nos lo merecemos.

Este mercado es presa fácil de las propuestas populistas, porque creemos que tenemos el derecho divino de tener gasolinas baratas.

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Enrique Campos Suárez

Director de Noticias de Radio Fórmula

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa, donde participa con Carlos Loret de Mola en Despierta y es titular del espacio noticioso de las 13 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.