Cuando los chinos descubrieron las propiedades nutrimentales de la leche, pusieron en aprietos al mundo occidental, pues aumentaron la demanda de este producto y con ello dispararon el precio.

El crecimiento del gigante ha requerido de una mejor alimentación, de más materias primas para vestirlo, cubrirlo y ponerlo a trabajar. Y esto ha provocado aumentos en los precios de los llamados commodities.

Pagamos nuestra cuota de inestabilidad en las materias primas con el precio del maíz durante el 2007 y gozamos de las mieles de la misma inestabilidad con los precios del petróleo.

Todo adjudicable a ese país de 1,300 millones de habitantes y tasas de crecimiento de dos dígitos.

La nueva realidad que se imponía en el mundo, a la que también contribuía el crecimiento de la India, era que nunca más en el mundo tendríamos alimentos baratos.

Y es cierto, entre el fuerte incremento en la demanda, el cambio climático y las alternativas energéticas, los productos del campo nunca volverán a ser los mismos.

Pero otros productos de demanda industrial sí pueden volver a ser los mismos: productos de precios bajos, ante la caída en la demanda que mete en problemas a las naciones productoras y dependientes de esos commodities.

El Economista publicó ayer a ocho columnas un panorama sombrío para Petróleos Mexicanos, en el que de bajar el precio de la mezcla mexicana por debajo de los 60 dólares por barril, se tendrían que aplazar varios proyectos de inversión.

Apenas la semana pasada, la canasta de crudos mexicanos ya le tocaba la puerta a este nivel de los 60 dólares por barril.

El gobierno de Beijing dio a conocer una desaceleración en la producción industrial o, lo que es lo mismo, una arritmia en el corazón económico del gigante.

De inmediato, esto se reflejó en las bolsas de valores del mundo, las cuales acusaron recibo de la posibilidad de que se presente una baja en la demanda de materias primas. Los diarios chilenos dan cuenta de la baja en el precio del cobre por el resultado chino.

Los diarios de Caracas hablan de la baja en los precios del petróleo. En fin, cada quien con sus demonios.

Pero resulta que China está sintiendo los efectos secundarios de la vacuna contra el sobrecalentamiento que se puso.

Ante los signos de desorden financiero, el gobierno chino optó por poner controles a lo chino o sea sin preguntar, frenos monetarios y crediticios, y una prohibición autoritaria para que una persona pueda ser propietaria de más de un inmueble.

Pero como toda vacuna que deriva de la misma enfermedad, provoca reacciones y la arritmia industiral es la consecuencia.

China, sin duda, se está convirtiendo en el nuevo foco de dependencia económica mundial y cualquier movimiento se siente como tsunami entre sus socios comerciales.

Es como aquel dicho africano que reza: Cuando los elefantes pelean, el que sufre es el pasto .

La primera piedra

Otra vez, la ausencia de cambios estructurales en México se convierte en la primera causa que los analistas, que consulta el Banco de México cada mes, exponen como el gran lastre para que esta economía mejore.

Ha sido la respuesta recurrente número uno por años, sin que encuentre el más mínimo eco entre los que cobran para tomar decisiones.

Por primera vez en muchos meses, la confianza de los analistas tuvo una baja en la encuesta del mes pasado. Entre otras cosas, porque la situación financiera internacional vuelve a ser un tema de preocupación ante los problemas fiscales de Europa.

Y por primera vez en lo que va del año, hay algunos expertos que consideran que la situación económica podría empeorar.

Y si bien son por ahora una minoría, sí llama la atención que el pesimismo está de vuelta, cuando se supone que de aquí en adelante todo era recuperación sostenida.

Por lo demás, la ola del análisis lleva a los expertos a predecir menos inflación, más crecimiento y más empleo.

Con un tipo de cambio menos caro. Así se mantendrá la cosa, hasta que, claro, todo cambie.