Imagínese que lleva tres horas parado en el Periférico de la ciudad de México, porque se abrió un socavón que desquició el tráfico, cuando de una moto baja un delincuente que lo encañona en la cara para asaltarlo.

Piense en el temor de morir, ser robado o violado de la gente que vive en la Tierra Caliente de Michoacán, o en los veracruzanos que escuchan historias de policías secuestradores. Reflexione sobre el profesor asesinado en Tlayacapan, Morelos, frente a sus alumnos hace unos días; el encajuelado de Matehuala; la familia del Estado de México ejecutada en Michoacán. En fin.

Todos son eventos de esta misma semana a los que quizá ya no le ponemos tanta atención por ser hechos violentos cotidianos. El cambio de estrategia del gobierno priísta es muy claro en comparación con las prioridades del pasado gobierno panista.

La lucha contra el crimen organizado de Felipe Calderón desapareció por completo como concepto propagandístico para dar paso a la letanía de los cambios estructurales que mueven a México. Pero la violencia, los crímenes, la inseguridad y los actos delictivos siguen ahí. Todos los días y por todos lados.

Es un hecho, es algo plausible, que el gobierno actual ha cumplido y con creces su estrategia de aprobar algunas de las reformas estructurales más importantes que este país necesitaba desde hace décadas, pero el crimen es como el cuento de Monterroso: cuando la reforma se aprobó, la delincuencia seguía ahí.

El peligro de minimizar el discurso de combate a la criminalidad sin que se note una real disminución de los actos delictivos es que pueda parecer que no es un asunto de la más alta prioridad el combate de los efectos de la inseguridad.

Las organizaciones cupulares del sector privado han reencontrado su esplendor durante este sexenio. Después de ser prácticamente ignoradas por el gobierno de Calderón, ahora el estilo corporativista tricolor ha dado nuevos espacios para el lucimiento de las cúpulas empresariales.

El aplauso al espíritu reformador no tiene por qué anular la permanente advertencia de la Iniciativa Privada sobre los peligros de la inseguridad y la impunidad. No hay ganas de molestar por parte de estos dirigentes, simplemente parece una crónica de los hechos cotidianos.

El Consejo Coordinador Empresarial advierte sobre la corrupción y la inseguridad, que son los principales factores que afectan la operación de los negocios en México. La Confederación Patronal de la República Mexicana le pone número y calcula en 105,000 millones de pesos el impacto negativo en las actividades productivas por la inseguridad y la informalidad.

Los expertos del sector privado que consultan mensualmente el Banco de México han elevado a los primeros lugares de sus preocupaciones los temas de inseguridad y el Departamento de Estado de Estados Unidos elevó su nivel de alerta de viaje en por lo menos 13 estados.

Hay que presumir, tanto en México como en Davos, los avances conseguidos. Pero no hay que obviar en ningún momento que estamos en una situación crítica de impunidad, falta de Estado de derecho, delincuencia y violencia.

La falta de la aplicación de las leyes inhibe las inversiones y el gasto. El miedo a la delincuencia impide un desarrollo a los niveles soñados. Esto tiene que ser parte de las prioridades de los gobiernos. Lo digo a la luz de lo que nos ocurre en este país todos los días. No lo digo por molestar.