Hace poco, afuera del aeropuerto esperando en la apretada fila para los taxis, un tipo muy elegante encendió su cigarrito con el viento justo en dirección de la fila. Cuando los que estábamos formados detrás le reclamamos, contestó indignado que afuera se puede fumar. Ante el abucheo no le quedó más que apagarlo.

Según datos de la Encuesta Nacional de Adicciones 2008, el porcentaje de fumadores activos en las ciudades es alrededor de 20 por ciento.

Aunque lo anterior significa que sólo una de cada cinco personas que habitan las urbes fuma, esa minoría somete a 80% de los citadinos que no fuma a una molestia francamente comparable a la de dejar escapar gases corporales en público.

Aunque esa última conducta no está legislada, la condena pública es muy severa. Si alguien insistiera en su derecho a gasificar a la gente a su alrededor, seguramente acabaría excluido de muchos círculos sociales y laborales.

Como el repudio social a quienes fuman en público parece estar lejos, toca insistir en que se apliquen debidamente las leyes.

En papel ya está más o menos resuelto el asunto, pero en la práctica queda mucho que resolver. Muchos fumadores están más que dispuestos a defender su derecho de que los no fumadores tengan que aguantarse. Si uno no fuma, no sólo queda marginado a la oscuridad de los rincones interiores de bares y restaurantes sin poder disfrutar del agradable clima exterior de la ciudad.

Ya que te resignas a estar adentro, lo más común es que alguien respetuosamente se salga a fumar frente a la puerta abierta y sople justo hacia adentro. Son poquísimos los establecimientos que tienen la elegancia de tener espacios exteriores separados para no fumadores y divisiones suficientes como la ley lo expresa.

Como su nombre lo indica, la Ley de Protección a la Salud de los no Fumadores en el Distrito Federal no anula el derecho a fumar de nadie.

La ley simplemente busca que los que no fuman no estén obligados a sufrir el pestilente hábito de los que soberanamente deciden hacerlo.

Si los propietarios de establecimientos no implementan la ley y la autoridad no interviene, el enfrentamiento entre comensales es la respuesta común.

Hoy puse una denuncia en línea en www.cofepris.gob, abajo, en la sección de denuncias sanitarias. A ver qué pasa. El número oficial (01800)033-5050 nomás no funcionó.

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