Una de las objeciones más relevantes tanto del primer debate como del segundo fue la falta de propuestas importantes sobre nuestros problemas nacionales más urgentes así como la relación con el gobierno de Estados Unidos, que ha llegado a niveles de tensión sin precedentes.

Los candidatos se dedicaron a insultarse unos a otros y en eso se fue el tiempo. Además afloró, en medio de un ambiente tenso, el exceso de narcisismo y de imprudencia. Ignoraron la verdad de que el hombre es un proyecto en construcción; un día seremos por fin hombres. Woody Allen dijo recientemente: “Creo firmemente que la vida es algo terrorífico e inestable (...) La única manera de sobrevivir es engañándose a uno mismo”.

En México, coexisten gravísimos problemas que han creado una enorme incertidumbre en toda la sociedad, como inseguridad, pobreza, desigualdad, desempleo, corrupción y el infierno migratorio en la frontera sur. Esta mezcla perversa ha hecho que el miedo se apodere de todos, esencialmente porque los lastimados son peligrosos, saben lo que es sobrevivir.

Ante este escenario, las clases altas se guarecen con todas las formas posibles de seguridad, física y financiera. Políticamente se cierran a opciones que permitan romper con la inercia destructiva. La imaginación no toma el poder.

Si la democracia es el parlamento, como lo señaló recientemente aquí en México el filósofo de la política Michelangelo Bovero, entonces tenemos que fortalecer al congreso, porque ahí está la representación de todas las regiones y localidades del país, más importante que la figura presidencial. Aun cuando en México, por razones históricas y también arcaicas, como en todos los países de América Latina, el presidente de la República es la figura central, el conductor del nacionalismo, el eje del poder.

El presidencialismo así como es fundamental para tomar decisiones, si pierde la prudencia, que es la más alta virtud política, todo se colapsa. Ejemplos de ello son la Cuba de los hermanos Castro, la Venezuela de Chávez y de Maduro, la Argentina de Perón y sus secuelas, Chile de Pinochet. De ahí la importancia del Congreso como mecanismo institucional de contención y división de poderes.

Todavía no ha surgido el equivalente a Macron para gobernar nuestro país. Se especuló que se iba a crear esa figura, después de que irrumpió Macron en la política francesa, afirmando los valores europeístas a partir del centro político y de políticas económicas liberales. No ocurrió en México. Nosotros todavía estamos en la retórica. Falta la propuesta que permita superar el pasado y enfrentar el futuro, cambiándolo previamente. De lo contrario tendremos que soportarlo.

Ante el panorama actual, hace una semana el jurista mexicano Diego Valadés, de un sólido prestigio, dijo: “la sociedad mexicana es mejor que sus políticos”, y advirtió del peligroso eco social que hace el mensaje anticonstitucional de la actual campaña presidencial, asegurando que “la reconstrucción social en México será muy compleja para el próximo gobierno”.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.