En menos de un año, dos películas están abriendo los ojos de millones de mexicanos para mostrar una realidad que, aunque muchos sabemos que existe, poco hemos hecho por cambiarla. Presunto culpable puso en evidencia las deficiencias del sistema de justicia en México y ahora ¡De panzazo! hace lo mismo, denunciando la desgracia del sistema educativo.

Probablemente muchas son las ideas y sentimientos que nos invaden cuando abrimos los ojos ante realidades tan complejas y desafiantes. Pasamos de la indignación al coraje; del coraje a la tristeza; de la tristeza al miedo y, en el mejor de los casos, del miedo a la esperanza. Al final, lo que importa es que el coraje nos mueva a la acción para hacer lo que a cada uno nos toca, siempre de manera pacífica y responsable.

México atraviesa un momento crítico en el que habrá que tomar decisiones importantes. Lo que suceda en los próximos meses no dependerá de los políticos sino de los ciudadanos. Si entendemos la fuerza que puede tener una sociedad civil unida y organizada, veremos un abanico de posibilidades para generar soluciones que realmente vayan a la raíz de los problemas.

Uno de los primeros y más grandes desafíos es a nivel personal. Tenemos que dejar de lado las envidias y el protagonismo para entender que solamente unidos podemos hacer la diferencia. Querer llevar a cabo las cosas de manera individual ya no funciona para nadie. El ego termina siendo nuestro peor enemigo, nuestro freno de mano.

La batalla no está perdida, existen un sinnúmero de personas y organizaciones con la experiencia y el compromiso para hacer que las cosas sucedan. No podemos darnos por vencidos y pensar que México está predeterminado a vivir indefinidamente en la pobreza, la inseguridad, la corrupción y con tan serios problemas en materia de justicia y educación.

El primer paso para atacar un problema es conocerlo y reconocerlo. Una vez que abrimos los ojos y la conciencia, el siguiente escalón es pensar de manera creativa cómo resolverlo y hacer equipo con todas aquellas personas que comparten el mismo deseo. Es momento de unir fuerzas.

Ojalá que esta mezcla de sentimientos se convierta en el mayor incentivo para canalizar nuestra energía en un esfuerzo de unidad, solidaridad y absoluta determinación. Llegó la hora de demostrar que México tiene un gran futuro y éste depende de nosotros, los ciudadanos.

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